LA PROVINCIA/DLP
Telde e Ingenio dijeron anoche adiós a una semana de juerga carnavalera con la celebración de sendos actos multitudinarios en los que se entremezclaron los llantos inconsolables de las viudas de la ciudad de los faycanes con el jolgorio, las risas y la diversión de la chiquillería del barrio de Carrizal, en Ingenio.
En la patria de José Vélez, el programa pergeñado por la Concejalía de Ferias y Festejos del Ayuntamiento de Telde llegó a su fin en forma de sentida comitiva fúnebre desde la plaza de San Gregorio hasta el aparcamiento emplazado junto a los colegios de San Juan, que se estrenaba en estos berenjenales. Las medidas de seguridad impuestas por el Servicio de Prevención Laboral del consistorio obligaron a improvisar allí un nuevo tanatorio, ya que el funeral por la sardina, y su explosiva quema, estaban previstas en un primer momento ante el escenario del recinto ferial de Arnao. A las 19 horas, la carroza con el pez más conocido de las carnestolendas, una representación de viudas y el sardino -personaje que se encargó de pregonar megáfono en mano que esta jarana tocaba a su fin- enfiló la Avenida de la Constitución de San Gregorio hacia abajo para iniciar el trayecto más luctuoso de los fastos.
La fuerza y el enganche de la batucada contrastaban de forma llamativa con el rictus y los lamentos de la nutrida representación de la curia eclesiástica. La figura de los párrocos de mentira se entremezcló con los miles de ciudadanos anónimos destrozados por el fin de una fiesta que tuvo en el viernes, con la segunda edición de la carrera de tacones, y el sábado, con una inacabable cabalgata, sus principales actos a falta de reinas y reinonas por aquello de la crisis económica.
Pero no sólo en Telde se puso anoche el cierre a los carnavales. En Carrizal, el patronato que se encarga de poner la diversión y que encabeza Antonio Ramírez, ofreció una cabalgata y celebración infantil que congregó a cerca de medio millar de niños... y no tan niños.
En la plaza de La Jurada, los actos comenzaron pasadas las 16 horas con el show de Naniana y sus muñecos, al que siguió el ballet de Paulina Ramírez, con casi cincuenta chiquillos bailando y haciendo las delicias del respetable con sus ocurrencias. A su término, en Carrizal tenían previsto llevar a cabo un pasacalle alrededor del barrio y, como colofón, sacar mesa y mantel para agasajar con una suculenta merienda a los asistentes. En el barrio vivieron una noche del sábado épica. La cabalgata congregó a "entre 10.000 y 15.000 personas", según Ramírez.