A. J. F.
Alfredo López sigue de brazos cruzados. Su empresa Nova colinda con las naves calcinadas de Incapol, y la voracidad de las llamas provocó el sábado serios daños en uno de sus muros y en parte de su techumbre y también en la maquinaria de la que disponía para imprimir carteles, lonas y banderas.
"Como tenga que estar dos meses parado va a ser mi ruina", advertía ayer tras mostrar por enésima vez las consecuencias del incendio en un negocio por el que se ha tenido que entrampar hasta las cejas "y que terminé de pintar el viernes, 24 horas antes del incendio", lamenta.
A Alfredo no le funcionan varios de sus plotters, incluido uno que compró hace tres años en Corea por 85.000 euros. "Fue la primera máquina que llegó a Canarias para fabricar banderas", dice.
En estos días ya ha recibido la visita de los peritos de sendas aseguradoras, y aún tiene pendiente la de otros especializados que llegarán esta semana de Tenerife. "El problema que tengo es que uno no sabe qué hacer. Las naves de Incapol deben demolerse y aún no tengo la garantía de que ese trabajo no supondrá que también se venga abajo la mía. ¿Qué hago mientras?", pregunta.