A. J. F.
Mi padre compró esto en 1975, cuando yo tenía siete años, y desde entonces no he dejado de vivir aquí. Una parte de mi casa forma parte de una cueva, y ya me han dicho que tiene valor etnográfico. No me voy a quedar quieto, tengo escrituras y todo lo que quieras, pero si al final van a tirar mi casa, sólo pido que me den un sitio digno adónde ir. A la parte de arriba del barrio, por ejemplo". Juan Francisco Ravelo es uno de los 14 afectados por los planes de demolición que enarbola la Demarcación de Costas en Canarias.
Vive con su pareja y su hija en el número 14 del paseo de Sotavento, al lado de Andrés Guedes, marinero, de 70 años, "que para nosotros es otro miembro de la familia", apostilla. Desde el quicio de su puerta hasta donde rompen las olas en pleamar dista un metro.
"Aquí han vivido siempre los marinos, como Andrés, y eso deberían tenerlo en cuenta", apunta. "Sabemos que la playa no es nuestra, lo que siempre he defendido, pero hay cosas que no entiendo, como que AENA me tenga aprobado un proyecto para insonorizar mi casa. ¿En qué quedamos? ¿Es legal o ilegal? Yo voy a luchar en los tribunales", concluye.