M.P. PÉREZ
Unos 27 niños diabéticos de Gran Canaria, con edades de 6 a 15 años, disfrutan de una semana de campamento en la Escuela de Vela de Puerto Rico al tiempo que aprenden a no depender de nadie para administrarse la insulina. En esta colonia de verano, organizada por la Asociación de Diabéticos de Gran Canaria (Adigran), los pequeños y los adolescentes realizan actividades de vela, participan en distintos talleres, y también aprenden hábitos alimentarios. Un equipo de sanitarios les hace un seguimiento de los análisis de sangre y les da las claves para ser cada vez más independientes.
Lidia Blanco, presidenta de la Asociación de Diabéticos de Gran Canaria, destacó ayer que la experiencia es muy importante porque los niños comparten sus vivencias con otros chicos de su edad, y en definitiva, regresan a sus casas con un mejor conocimiento de su enfermedad. Si bien los mayores se pinchan solos la insulina, todavía hay algunos como Thalía Rodríguez Valiente, de 7 años, que necesitan de la ayuda de su madre o de algún familiar. Precisamente ayer la pequeña comentaba que su abuela le dijo que tenía que "aprender a hacerlo sola para que pudiera salir de casa con todo el mundo".
Carlos Ancor Rodríguez Cazorla, de 9 años y vecino de Telde, contaba ayer que se pincha solo y que le enseñaron sus padres y las enfermeras. El pequeño repite campamento porque quedó encantado el pasado verano y cuenta que lo más divertido es la vela. También Natalia Navarro Martín, de 11 años, que vive en la capital grancanaria, comentó que se ha habituado a inyectarse sola la insulina, tarea a la que le ayudó a familiarizarse su madre.
Al margen de las agujas, los días de campamento de estos niños en Puerto Rico transcurren haciendo deporte junto al mar y muchos juegos.