JUANJO JIMÉNEZ
Una banda formada por una treintena de trompetas le hacen competencia en Osorio, desde el pasado lunes, a la percusión del picapinos y el guineo de los mirlos, en la que ya es la tercera edición del Teror Trumpet Festival, uno de las cinco grandes citas del instrumento que existen en España.
Con los pentagramas de dos de los más prestigiosos pedagogos de todo el mundo, el francés Pierre Dutot, de Burdeos, y el británico John Miller, de Manchester, los alumnos llegados, entre otros puntos además de toda Canarias, de Costa Rica, de Estados Unidos, Brasil, Francia o Gran Bretaña recibirán hasta el viernes una suerte de doctorado en trompeta que, al igual que en las dos anteriores citas, ya está dando mucho de sí.
Allí, en la finca de Teror, entre los ombús, magnolios, araucarias y camelias rebrillan los metales desde primeras horas de la mañana, cuando toca estiramiento. Sebastián Chano Gil, profesor del Conservatorio Superior de Música de Canarias explica que la trompeta no es sentarse y darle a una tecla.
"Hay que estar en forma, tener pulmones y hacer relajación". El resto de la jornada es puro entrenamiento, inyecciones de técnica y dosis de perfección, en una propuesta que está proyectando y convirtiendo a los trompetas isleños en unos pata negra del viento.