JUANJO JIMÉNEZ
"Los matos los regamos nosotros, el ascensor lo mantenemos nosotros, y si lo que van a hacer es echarle una mano de pintura al edificio con 20 euros cada uno también los pintamos nosotros, y nos sobra dinero".
Ayer en el Valle de Jinámar había que enseñar un recorte de periódico para informar a los propietarios de 4.709 viviendas que el Ayuntamiento quiere cobrar 375 euros por hogar, para rehabilitar unos edificios que datan de la década de los 70 y que no llevan la vejez de la mejor manera.
Jesús Díaz y Francisco Guedes viven en la calle Manuel Alemán Álamo, "el cura", matiza Díaz, que es el mismo que opina que con una brocha colectiva ya se encargan ellos del arreglo. Sin embargo el proyecto del Ayuntamiento va mucho más allá. El Valle, constructivamente hablando, va camino de la ruina urbanística. El propio Guedes lleva a la visita a un pasillo que linda con su edificio. La comunidad de ese bloque anexo ha decidido hacer un jardín, por su cuenta y riesgo, "sobre un aljibe". Han derramado tres camiones de tierra sobre la cubierta de la alberca, sin más proyecto que el de aguanta como puedas. Israel Rodríguez, de unos veinte años, y que vive unos pocos bloques más allá, informa que también en su edificio hicieron un experimento igual, "y se nos está hundiendo".
Pasa Esperanza Falcón. También ella tiene otro desastre por enseñar. Ventanas rotas de la caja de escalera y un patio interior techado por otro 'espontáneo'. Lo que fue un paso interior diseñado por el arquitecto ha sido tapiado, y de uno de sus agujeros cae en cascada 'guano' de palomas. "Aquí ha venido Marcelino Galindo [asesor de Vivienda en el Gobierno de Canarias], el médico de Sanidad, pero no han hecho caso".
En ese lado de la I Fase del Valle el escepticismo se encuentra en un 7,8 de la escala Richter, aproximadamente, por un hecho fatal reciente. "Hace ocho años hicieron una cancha", informa Antonio José Medina, de 22 años, "que se inauguró hace un mes. A los tres días le quitaron las porterías para inaugurar otra en Las Remudas..."
Al golpito
Y esa parece ser la tónica. Cosas a las que les faltan cosas. Faltan las escaleras de emergencias, las tapas de los registros de la luz, de los pasos de los hidros, de ventanas, de parques y allí donde hay un ser vegetal vivo, debajo se encuentra un alfombrado de restos. Todo queda a medias. Mucho más arriba, en este interminable entramado residencial que es el más grande de España en su especie, está sentado Claudio Hernández, de 39 años. Pregunta que si de esos 378 euros, "78 serán para Zapatero" y más escepticismo. Apunta con un dedo a una rotonda de estreno con una farola gigantesca, la más grande del mercado de la iluminación y que termina en varias lucernarias. De encenderse un día Jinámar será faro del Este por aquella costa. Pues bien, "la inauguraron el otro día", confiesa calcando a Medina, "y no está ni enchufada". No obstante, en esa parte alta de Jinámar, no ven con malos ojos la propuesta, siempre que se haga como en Las Remudas, "al golpito", a 20 euros al mes y con el recibo del agua.