JAVIER BOLAÑOS
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
La torre principal de Arucas se pone en hora. Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria y el Ayuntamiento acaban rematar los trabajos de sustitución y reposición de un centenar de elementos decorativos de la torre del reloj de la iglesia, que cayeron como consecuencia del Delta.
Las alarmas saltaron en Arucas con el último gran temporal que ha pasado por Canarias. El vendaval echó al suelo muchas de las piezas más antiguas de la vieja torre. La inspección técnica detectó que las agujas y elementos decorativos tenían oxidado el hierro interior, por lo que iban a seguir cayendo, poniendo en riesgo la seguridad de los viandantes y dañando la imagen del templo. Tras la petición del Ayuntamiento tuvo su eco, y el Cabildo aprobó un presupuesto de unos 100.000 euros para hacer frente a la deficiencia en la estructura de este edificio, cuya primera piedra data de 1909.
El primer inventario permitió contabilizar unas 542 piezas en la torre, aunque gran parte de ellas se encontraban en buenas condiciones. A partir de ahí, según los arquitectos Juan Bolaños, Carlos Castellano (Cabildo) y Gustavo Díaz (Ayuntamiento) se inició un trabajo complejo, en el que hubo que recurrir a expertos en trabajos verticales, labrantes y operarios con mucha destreza.
Los técnicos señalan que finalmente fue necesario sustituir y reponer un centenar d piezas, mucho más de las previstas inicialmente. Para ello se recurrió a tecnología de última generación, basada en grapas de acero inoxidable, con resina "y mucho cariño", según resalta Carlos Castellano, debido a la peculiaridad de esta obra. "La piedra de Arucas es de muy buena calidad, pero blanda y porosa, por lo que entra con más facilidad el agua y la humedad", añade.
Estos trabajos se iniciaron en abril del pasado año y acaban de concluir, permitiendo rehabilitar piezas muy diversas de los pináculos conocidas como gatos, palomas y florones, debido a sus particulares formas.
Según el labrante Mundín Santana (Piedras Las Canteras) la dificultad principal es que no existen moldes, y cada pieza es distinta, por lo cual hay que adaptarla a las dimensiones del espacio.
Los trabajos han servido para lavar la cara a la iglesia, aunque es solo una parte de las muchas necesidades que exige su permanente conservación.