09 de septiembre de 2017
09.09.2017
Fiestas del Pino Misa y procesión

Baño de pétalos y fieles en la procesión de la Virgen

La villa mariana vive el Día Grande entre los asistentes más devotos al Pino y unas fuertes medidas de seguridad

09.09.2017 | 01:24
Pétalos para la Virgen, ayer.

El regreso de la banda de Teror

  • Por primera vez en décadas de procesiones a la Virgen la banda de Teror acompañó al Pino durante el recorrido por las calles de la villa mariana. También estuvo presente la banda del regimiento de infantería de Canarias 50 y la unidad de música del mando aéreo de Canarias, que como cada año acude a su cita en Teror. El directo de la banda de Teror, Óscar Sánchez, aseguró que fue un honor participar en la procesión y que los integrantes estaban ilusionados por la invitación. "Un orgullo y un hito, lo normal sería que siguiéramos participando", afirmó Sánchez. M. Moreno

Los peregrinos y fieles se agolpaban al rededor de la Basílica a la espera de la salida de la Virgen. El calor apretó más que el día de la romería y la sombra de los árboles centenarios eran un lugar cotizado. Pegado a la puerta estaba María del Pino Delgado, vecina de Gáldar de 84 años que acudió junto a su hijo Santiago Guillén. La mujer estaba sentada en una sillita tras la valla de seguridad aguardando poder ver a la Virgen un año más, porque desde que tiene memoria no ha faltado a su cita anual con El Pino. "Cada vez que vengo le pido salud para que el año que viene pueda volver", detalló.

Delgado vino acompañado de su hijo Guillén por primera vez. "Ahora que es mayor alguien tiene que cuidarla en este mogollón", explicó. Guillén reconoce que es una sensación extraña venir el día grande del Pino en vez de la víspera. "Es señal de que uno se va haciendo mayor, ya no tienes fuerzas para venir a la romería", señaló. Guillén quiere seguir la tradición. "Esta es mi primera vez, pero espero seguir viniendo a la procesión los próximos años para pedir por los mayores de la familia" aseguró.

La Virgen se hizo esperar. La Eucaristía se alargó un cuarto de hora y los abanicos comenzaron a tomar protagonismo en la plaza. Del lado de la Casa Museo de los Patronos de la Virgen el sol empezaba a hacer estragos entre los fieles. "Mucho calor, tendrían que poner toldos por este lado", demandó Octavio Quintana, que aguardaba junto a su mujer Manola a la Virgen. "Venimos desde Telde todos los años y los sitios de sombra están ocupados desde primera hora", aseguran.

Pasadas las doce y cuarto la banda de Teror comenzó a tocar el himno español ante los aplausos de los fieles y el saludo de los militares y autoridades. Era la primera vez en las últimas décadas que la banda de Teror participaba en la procesión. La Virgen ya se asomaba por las puertas ante la mirada de todos, que esperaban ansiosos poder acompañarla por las calles de la villa mariana, engalanada para la ocasión.

Yolanda Valdivia y José Luis Lorenzo acuden cada año para la ocasión, da igual que cambien el recorrido o que haya más seguridad. "Vengo a verla a ella -la Virgen- y cómo lo hagan me da igual", declaró Valdivia, vecina de Telde que ya no pide más milagros al Pino. "Hace cuatro año fui la única de mi familia que acudí a la procesión", rememoró, "tenía a un nieto hospitalizado, y los médicos lo más bonito que decían era que se moriría. Vine a pedir por él y se salvó, ahora le estoy eternamente agradecida". Valdivia asegura que tras visitar a la Virgen se fue directa al hospital a visitar a su nieto enfermo. "Le agarre de la mano y le dije que había pedido por él, que si me oía que me apretase la mano, y así lo hizo", afirmó.

La historia de Valdivia motivó a Lorenzo a acompañarla a cada procesión desde entonces. "Lo mío es plantar papas", dijo Lorenzo. "Yo suelo pedir por toda la familia", explicó Valdivia, que aseguró que tiene "mucha fe" en la Virgen. Lorenzo, no muy devoto, pidió más lluvias para las tierras de cultivo. "Si trae tormentas mejor", sentenció.

Muchos de los fieles que se dieron cita en la plaza de Teror pedían a la Virgen salud para poder seguir visitándola cada año. "Vengo cada año y espero poder seguir haciéndolo", explicó José Benítez, vecino de La Isleta de 92 años. "El Pino ha sido como una madre para mí", aseguró. Benítez recordó que siempre le rezaba a la Virgen durante su juventud. "Fui del cuartel a Venezuela y siempre he sido fiel a la Virgen del Pino", señaló.

Benítez, como muchos fieles, califican el nuevo recorrido de la Virgen como un acierto por parte de las instituciones. "La fiesta está muy bien organizada y se muestra el respeto que hay por El Pino", manifestó Benítez, que dialogó con otros sobre como se hacía antaño. "Las últimas ediciones ha ido recuperando el sentido religioso, porque se estaba descontrolando la romería con tanta pelea y borracho", declaró.

Las incidencias en la noche del 7 al 8 de septiembre han sido mínimas, disminuyendo con respecto al pasado año. Los datos aportados por la Policía registraron solo 52 atenciones por parte de los servicios sanitarios, principalmente por heridas, esguinces, luxaciones, intoxicaciones etílicas o malestar; ninguna persona fue derivada al hospital.

La procesión de ayer fue síntoma de la buena salud que goza la fiesta de El Pino. "Ha venido más gente a la procesión que a la víspera", según los cálculos a ojo de Francisco Jiménez, vecino de la villa mariana. "El Pino es el estandarte de las fiestas religiosas de Gran Canaria, y la única que reúne a todos los municipios", señaló Jiménez. Los vecinos de Teror siempre han sido hospitalarios con los fieles que se acercan durante estas fechas, y Jiménez quiere que siga siendo así. "Se ve menos público, pero es porque ya no vienen curiosos", detalló.

Menos es más. Los peregrinos y fieles que participan en los actos religiosos agradecen poder celebrar sus fiestas en armonía. Ángela Rivero, quien también pidió salud para acudir el próximo año, destacó que los presentes en la procesión eran fieles a la Virgen. "Se puede ver a la gente emocionada", aseguró, "si no eres religiosa no aguantas dos horas esperando al Pino con el calor que hace", añadió.

Rivero, así como Jiménez, están convencidos de que se trata de la mejor procesión de las Islas Canarias. "No falta ni una institución, lo cual da a entender la importancia que tiene el evento", observó Jiménez. "En Tenerife aún no han conseguido que todos vayan por la Candelaria", sentenció.

Porque la Virgen del Pino es el símbolo de los grancanarios. "La que cuida y vela por todos", expuso María González, que acudió junto a su marido Esteban Rodríguez y su hijo Sergio. "Es la primera vez que venimos todos en familia", detalló. "La última vez pedimos un hijo y ocho años más tarde aquí estamos con Sergio", desveló. La pareja es el ejemplo de la evolución del grancanario. "De jóvenes veníamos a la víspera, pero cuando te haces mayor acudes a la procesión", explicaron. La Virgen, que se paseo por las calles bañadas en pétalos de rosa, regresó a la Basílica hasta su siguiente procesión el domingo, Día de Las Marías.

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