GREGORIO CABRERA / ARRECIFE
El hoyo, el truco casi mágico que permitió que la agricultura resurgiera del fuego como un ave fénix en Lanzarote, se ha convertido durante los últimos días en una abrasadora trampa para buena parte de las fincas de parras. Allá abajo la temperatura se puede elevar cuatro o cinco grados por encima de lo que marca el termómetro en cualquier otro punto, lo que ha dado lugar a pequeños infiernos a cincuenta grados centígrados. Así ha ocurrido especialmente en la emblemática Geria, según explicó ayer la consejera de Agricultura del Cabildo de Lanzarote, Nereida Pérez, experta conocedora además del sector de la viña tras su trabajo en el Consejo Regulador. ¶
"Daños hay, eso está claro", pone por delante Pérez antes de adentrarse en el alcance real de la ola de calor y en los matices. El primero es que ya se puede dar por hecho que no se alcanzarán los cerca de tres millones de kilos vendimiados previstos (el año pasado se cosecharon alrededor de cinco millones). Esto ocurrirá, básicamente, debido a dos cosas. La primera tiene que ver con la pérdida de agua de la propia uva, lo que implica un peso también menor. El segundo, con la pérdida de fruta arrasada por la masa de aire caliente. Esto afectaría fundamentalmente a la uva que aún no había madurado. "Por ahora", precisa la consejera, "no se puede hacer una evaluación de los daños, porque habrá que esperar a que cambie el tiempo". Pérez tiene previsto mantener contactos con agricultores y bodegas a partir del miércoles. ¶
Los temores del Cabildo tienen varios niveles. Uno de ellos guarda relación con el riesgo de que la uva adquiera una excesiva graduación que impida elaborar caldos de entre 10´5 y 11´5 grados, la horquilla habitual con la que trabajan los bodegueros lanzaroteños. Además, Nereida Pérez no olvida las consecuencias que la ola de calor puede tener en las rentas de los agricultores que puedan ver fuertemente mermadas sus cosechas y por tanto sus ingresos por la venta de la uva. El tercer peligro guarda relación con los efectos de cara al próximo año de esta canícula sobre unas parras que ya soportan varios años de sequía. "La parra viene muy débil", avisa la consejera. ¶