GREGORIO CABRERA - ARRECIFE.
Agustín Peñate es El Rana, según definición propia. Cuando hay que fundar los barcos en el varadero para su puesta a punto, él se sumerge para comprobar que el armatoste encaja en las guías como es debido "y así sale la mole esa para fuera". "Te llevas unos golpes que no veas", informa.
Ahora hay dos atuneros en los talleres y, como no es menester andar a todas horas en remojo, El Rana lleva una brocha en ristre para participar en el trajín de las fechas previas al inicio de la nueva temporada del atún. La flota con base en el Puerto Naos de Arrecife probará fortuna en la mar a partir de finales de mes.
Felipe, el encargado del taller de ribera, está encaramado al andamio pintando a babor del Izar Alde. "Ya han pasado todos los de Arrecife y faltan un par de ellos que vienen de Gran Canaria", explica desde las alturas con el sonido de fondo de una lijadora. Alfredo, Alfredillo para sus compañeros de tajo, da un repaso a otro clásico de Naos, el Siempre Gure Lorea.
A pocos metros hace lo propio el senegalés Buba. Alfredo, Alfredillo, asegura que una mañana basta para dejar como salido de fábrica todo un casco de barco. Por supuesto, no todo se reduce a dar pintura aquí y allá. "Con el tiempo la madera se pudre y hay que cambiar tablas de vez en cuando", dice. Por lo general se utiliza la morera.
Al otro lado de la bahía, ya en el dique de Naos, se encuentra a José Hernández Camacho enredado en cables y pensamientos. "Se le da un repasón a todo para que la cosa funcione y no haya problemas en la mar", expone el mecánico del Cima de Oro. Luego toca hablar de la realidad del sector. "Si no hay pesca, no hay reparaciones y no gana nadie. Esto tiene su lógica, es una cadena...".
Este año existen tres alternativas básicas para la pesca del atún: las aguas del Archipiélago, el banco africano y, tras el reciente acuerdo entre España y Portugal, Madeira. Miguel Hernández, patrón del Monte Arballu, no duda: "Donde nos dejen llegar, ahí estaremos".