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M. REYES Antonio Luis Ferreira Machado, obrero de profesión y nacionalidad portuguesa, reconoció ayer que mató a la hija de su pareja sentimental tras mantener una discusión con ella durante la mañana del 8 de noviembre de 2007. "La agarré por el cogote hasta que perdió el conocimiento", declaró el acusado ante el jurado popular que ha comenzado a juzgarlo en la Audiencia de Las Palmas.
La discusión se produjo en la casa de Lanzarote donde el procesado vivía con su pareja y la hija de ésta, Yuliza Antonia Pérez, que en el momento de los hechos tenía 18 años y hacía sólo seis meses que había viajado desde la República Dominicana para vivir con su madre en Arrecife. La discusión se originó porque le pidió a la joven que "dejara los testigos de Jehová", pero ella se negó y "la agarré por el cogote para impedir que se fuera de la casa", alegó el acusado, que se enfrenta a una pena de 20 años de cárcel por un delito de asesinato.
El día anterior también se pelearon por el mismo motivo, pues Ferreira Machado le prohibió a Yuliza que practicara esas creencias religiosas en el domicilio familiar. "Quería que me perdonara por impedir que los testigos de Jehová entraran en casa", añadió para tratar de justificar lo que ocurrió aquella mañana. "La quería como si fuera mi hija".
Un afecto que fue confirmado por la madre de la víctima, Hilma Altagracia. "Ella lo quería como a un padre y él se refería a ella como su hija", testificó Hilma. "Ahora sé que no era verdad".
Asimismo dijo que su pareja cambió con la llegada de Yuliza. "Él dejó de trabajar desde que llegó mi hija, porque siempre le faltaba el cemento o la arena y se quedaba todo el día en casa". También añadió que las relaciones sexuales entre ambos fueron a menos. "Pensé que era por respeto a mi hija", agregó.
Las acusaciones sostienen que Ferreira estaba obsesionado con su hijastra, un extremo que ratificaron varios testigos, entre ellos una prima de la víctima. "Siempre estaba encima de ella y la miraba con deseo cuando no estaba su madre", testificó la prima. Su marido coincidió en esa interpretación, incluso un compañero de trabajo del acusado también apreció cierta obsesión en Ferreira respecto a la joven, que tenía novio en Santo Domingo y quería casarse con él. El procesado negó que sintiera atracción sexual por Yuliza y que tuviera celos de terceras personas. Sí admitió que era guapa y que intentaba pasar el tiempo con ella.
Aquella mañana la estranguló y bajó a la calle para hablar con varios vecinos y buscarse así una coartada. Después subió a por el cadáver, lo metió en su coche y se deshizo de él, incluso engañó a su compañera sobre lo sucedido, le dio datos falsos a la policía y participó en las batidas de búsqueda, aunque de manera pasiva y para despistar. "Estaba confundido", aseguró para intentar explicar ese comportamiento. El cuerpo lo descubrió un vecino cinco días más tarde en el vertedero de Argana Alta. "Lo dejé allí, en el suelo, tapado con piedras", afirmó.
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