Hubo un tiempo en Lanzarote en el que todo parecía subir como la espuma. De hecho, así era. Ahora hay castillos de naipes que se caen y que sitúan a la Isla cara a cara con la crisis. Suele ocurrir: si subes demasiado la caída es más dura. Y en algunos caso ni tan siquiera había colchón debajo.