GREGORIO CABRERA - ARRECIFE
Ser zombie tiene sus ventajas. Nadie te pide la hora, no te preocupa la gripe A, los testigos de Jehová no te paran por la calle y, sobre todo, ya estás muerto, con lo cual tu escala de valores varía ligeramente con respecto a la del común de los vulgares seres humanos, tan ridículamente orgullosos de estar vivos. Los Zombieröcker se manifestaron por primera vez en octubre del año pasado, tras aparecer en Lanzarote a través de un volcán que comunica directamente con el averno. El terror se apoderó rápidamente de la isla, sobre todo cuando esta triada de seres malignos presentó sus credenciales. "Somos tres tipos flipados del más salvaje, primitivo y sucio rocanrol", advirtieron al mundo.
No es la primera vez que estos demonios tratan de arrasar el planeta tierra. En sus dos intentonas anteriores se enfundaron en pieles humanas que la historia musical insular recuerda con los nombres de Inadaptados y King Trash Fandango, cuya mera mención todavía despierta miedos atávicos entre los temerosos lugareños. En la memoria colectiva todavía resuenan aquellos sonidos infernales, primero psichobilly y punk, garaje de alcantarilla más tarde. En esta ocasión, Javier, Buli y Carlos se han encarnizado bajo la advocación de otros espectros como Motörhead, Ilegales o los Cramps. Pero la verdadera pócima mágica, el elixir que les mantiene en pie no es otra cosa que un líquido que ingieren constantemente y en cantidades asombrosas: la cerveza.
Las últimas irrupciones nocturnas de estas almas maléficas en Arrecife han tenido lugar en el Tsunami y en el Paraíso, dos bares que todavía huelen a azufre y maldad. En los torturados oídos de las personas que tuvieron la ocurrencia de acudir a esta especie de aquelarre sonaron los compases de Sólo yo y El hombre oscuro, dos muestras de su rock sin concesiones a la galería.
Las autoridades alertan de otra posible manifestación maligna el día 18, en las fiestas de San Ginés. Tiemblen y recen todo lo que sepan.