GREGORIO CABRERA
Quizás Arrecife sea eso: un temor irracional a desprenderse de su histórica imagen de coleccionista de vergüenzas urbanas. Una de ellas emerge con fuerza en la entrada principal desde el centro de la Isla, en la calle General García Escámez. Allí se levanta una treintena de viviendas conocidas por todos los vecinos como "las casas de los militares". Años atrás estuvieron ocupadas por mandos del batallón de infantería con sede en los cuarteles, a unos cientos de metros de distancia. Pero la merma del regimiento, reducido a un retén, supuso la despedida de Lanzarote para la mayor parte de sus inquilinos. Hoy en día apenas sí residen cuatro o cinco familias de guardias civiles. El resto de inmuebles se desmorona.
Una paradoja. El centro de salud de Titerroy, barrio de la capital donde se ubican estas viviendas, se encuentra muy cerca de este enésimo monumento al abandono, convertido en algunos puntos en un foco potencialmente peligroso para la salud. "Esto es una infección tremenda", afirma Ismael Montero, presidente de la asociación vecinal mientras se alonga a uno de los patios de entrada de lo que en tiempos fue un hogar. Una alfombra de porquerías cubre hoy en día la parte delantera del inmueble. La suciedad se alterna en otros puntos con las malas hierbas y con tabobos y aulagas de un tamaño tal que dan idea del tiempo que ha pasado sin que nadie se ocupe del mantenimiento de este grupo de casas que, en su mayor parte, pertenecen al Ministerio de Defensa. De hecho, en las puertas de al menos dos de ellas se puede leer un cartel en el que se avisa de su pertenencia al Infivas (Instituto de la Vivienda de las Fuerzas Armadas).
Las grietas serpentean como enormes serpientes por las fachadas y las estructuras. Montero propone que alguna institución pública reclame la cesión de estas viviendas por parte del Ministerio de Defensa para "tirarlas abajo y hacer casas para la gente necesitada del barrio y de Lanzarote". "Pero no creo que vayan a hacer nada de eso", rezonga para sí, puede que resignado, puede que tan sólo movido por la experiencia. El colectivo denuncia también que hay varias que han sido ocupadas, algo que su presidente considera "hasta lógico tal y como están las cosas para la gente".
Delante de una de las casas abandonadas, precisamente de aquella que acumula más basura, permanece un vehículo igualmente abandonado desde hace meses. Y el calor. Y dan ganas de acostarse.