D. RIVERO
En septiembre de 1730 cientos de lanzaroteños tuvieron que huir de sus aldeas por las erupciones volcánicas que arrasaron buena parte de la geografía insular. Ayer, más de tres siglos después, miles de conejeros se dirigieron a pie hacia la ermita de Mancha Blanca, donde la tradición cuenta que la imagen de la Virgen de los Dolores logró parar los ríos de lava que sepultaban y devoraban todo lo que atrapaban a su paso.
Desde primeras horas de la mañana y hasta bien entrada la noche, como si de una erupción se tratara, miles de personas se echaron a la carretera desde cualquier punto de la isla para venerar a la patrona de Lanzarote. Ése fue el caso de Rosa Déniz, que, junto a un grupo de amigas, partía desde el Monumento al Campesino rumbo a los Dolores. El sonido marinero de una caracola la acompañó en su particular peregrinación.
A las once de la mañana ya habían pasado por el Monumento al Campesino (una de las paradas casi obligadas antes de poner rumbo hacia Mancha Blanca) más de 4.000 personas, según afirmó Toñín Corujo, uno de los responsables en distribuir las pequeñas bolsas de comida que el Cabildo entrega cada año a los romeros que van a pie hasta los Dolores.
Una cifra que desde luego se iba a superar con creces a lo largo del día. Y es que según las previsiones del alcalde de Tinajo, Jesús Machín, serán en torno a las 50.000 personas las que podrían pasar por esta pequeña localidad. Una dura caminata que se traduce en ampollas y alguna que otra caída. El responsable del Centro de Coordinación de Emergencias, Esteban García, apuntaba que el momento crítico se iba a producir a partir de las once de la noche de ayer durante el baile del romero y la aglomerción de miles de personas en la explanada que rodea a la ermita.
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