Cada uno de ellos es un pequeño fin del mundo, una recreación del mito del caballo de Atila, porque por donde pasa desaparece la vida. Los lugares donde se asienta y prospera el erizo diadema o de lima se convierten rápidamente en un yermo submarino. Esta criatura es un diminuto monstruo que se caracteriza por limar la cubierta vegetal de los fondos y se ha convertido en una de las principales amenazas para la biodiversidad en el litoral de Lanzarote y el Archipiélago Chinijo.
Es un verdadero depredador con una capacidad de adaptación fuera de toda duda. Incluso es capaz de ajustar su tamaño a las condiciones del hábitat y, sobre todo, del alimento disponible. Si es mucho, crece y crece junto a la medida de sus púas (mucho más largas que en el resto de erizos marinos) hasta que aniquila la vida y se muda a sembrar la muerte en otro lado. Si es poco, limita sus centímetros. Su presencia en el Archipiélago viene de lejos, pero en la última década se ha multiplicado hasta adquirir la naturaleza de plaga. En ello, según los expertos, ha podido influir la sobreexplotación pesquera, que habría acabado con sus enemigos naturales.
Pero el hecho cierto es que sigue avanzando. Acaba con el musgo, del que se alimentan los peces y sus alevines, y corta en seco la cadena vital en el mar. Por ahora, la única manera de luchar contra ellos es a base de inmersiones submarinas, atravesándolos sin miramientos con una fija. Es lo que hicieron ayer en la Playa Chica de Puerto del Carmen (Tías) voluntarios que participan en la campaña de control de la especie, en la que colaboran la Viceconsejería de Pesca del Gobierno de Canarias y el Cabildo de Lanzarote con el seguimiento y asesoramiento de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (Ulpgc).
La Playa Chica es uno de los puntos donde se ejecutará la campaña junto a otro siete en el caso de Lanzarote: el Veril de las Coloradas, el Barranco del Quíquere, la Baja de la Camella, Costa Teguise, El Veril de las Agujas y el Veril de Montaña Amarilla, éstos dos últimos en aguas de la Reserva Marina de La Graciosa, uno de los espacios más afectados.
El proyecto se completa con campañas de sensibilización para el respeto de los recursos pesqueros, de lo que tan poco sabe el temido erizo diadema.