PEDRO GUERRA
Noche de cristales rotos en El Aaiún. La llegada de Aminatu Haidar a la capital del Sahara Occidental generó tanta expectación entre el colectivo pro saharaui como rechazo de la policía marroquí, que patrulló las calles con dos objetivos bien claros: que no se celebrara la llegada de la activista como una victoria sobre Marruecos (lo que no consiguieron) y que la prensa no pudiera tomar imagen alguna de Haidar en el momento en que llegó a su casa para abrazar a sus hijos.
A gritos de "viva el Frente Polisario", centenares de jóvenes se concentraron en los alrededores del domicilio de la activista, en el antiguo barrio de Casapiedras. Pero un número mayor de policías cercaba las calles de acceso a la casa de Aminatu, un lugar en el que se celebró una de las mayores victorias morales de la historia de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Una huelga de hambre de 32 días de una activista de 42 años bastó para que Marruecos desplegara todo su potencial represor en las calles de El Aaiún, que en torno a las dos de la madrugada fueron testigos de una verdadera batalla campal. Los agentes antidisturbios de la policía marroquí cargaron con fuerza y los servicios secretos mantenían bajo vigilancia intensiva cualquier movimiento de periodistas, alrededor de una decena de enviados especiales que buscaron durante toda la noche sin éxito una imagen de Aminatu a la llegada a su casa. Una imagen que hubiera dado la vuelta al mundo, pero que fue impedida con esmero por el Gobierno marroquí.
Fue lo único que pudo conseguir Marruecos en esta guerra fría de un mes de duración. Eso, y volver a enseñar los dientes a los saharauis cuando se pretende cualquier tipo de reivindicación. "Los periodistas han podido ver lo que ha pasado. Si no llegan a estar la policía habría actuado con más violencia todavía", aseguraba en la mañana de ayer Djimi El Ghalia, activista saharaui e íntima amiga de Aminatu Haidar.
A ultima hora de la tarde, cuando en El Aaiún ya se conocía la noticia del regreso de Haidar, representantes del Ministerio de Comunicación del Gobierno de Marruecos telefoneaban uno por uno a los periodistas desplazados para comunicarles que tenían prohibido acercarse al aeropuerto para cubrir la llegada de la activista. El control a la prensa se desarrollado de tal forma en El Aaiún durante estos días que cada uno de los enviados especiales de los medios de comunicación tenía un vehículo con dos agentes de los servicios secretos marroquíes pisándole los talones las veinticuatro horas del día.
Y cuando Haidar se dirigía a su casa y tras la comitiva circulaban dos vehículos de alquiler con los periodistas, éstos fueron detenidos por la policía en una rotonda para "un control". El agente que paró a los enviados especiales pidió toda la documentación posible, la de los vehículos, los pasaportes, los permisos para trabajar como periodistas en El Aaiún... Hasta que cuarenta y cinco minutos después recibe una llamada. Aminatu ya estaba dentro de su casa.