GREGORIO CABRERA
Brahim Jbilou resulta a veces una interrogante y otras una certeza. Este fornido marroquí se mueve sin duda en el carrusel de esperanza y muerte en que se ha convertido la fluida y azul frontera que separa a África de Europa y en concreto de su extremo sur: Canarias. Él mismo reconoce que ha intentando entrar ilegalmente en España "siete u ocho veces", aunque las autoridades llevan contadas doce. Dice Brahim que es sólo un electricista que se ha puesto en manos de otros para perseguir un sueño a bordo de un desvencijado cascarón de madera, siempre como pasajero.
"La mayoría de los inmigrantes lo intentan una y otra vez, hasta cuarenta veces, y al final acaban teniendo papeles y les va bien", declaró ayer ante la Audiencia Provincial, que le juzga en Arrecife por si existe otro Brahim distinto al que él reconoce, no sólo una víctima de la miseria y un perseguidor de anhelos, sino alguien que, supuestamente, se aprovecha de la desesperación ajena para llenar la bolsa. La Fiscalía, en el proceso que dio lugar a la vista oral de ayer, le acusa de ser el presunto copatrón de una patera que partió de Sidi Ifni (Marruecos) y alcanzó el Charco del Palo (Haría) en la madrugada del 20 de junio de 2009. Junto al mauritano Mahmoud Ichiar, se enfrenta a siete años de cárcel por un delito contra los derechos de los ciudadanos extranjeros.
Con el juicio de ayer, que tendrá continuación el próximo jueves tras ser aplazado por un problema con la videoconferencia, comienza la búsqueda del verdadero Brahim, que permanece en prisión provisional desde hace ocho meses. Al comienzo de la sesión, señaló a la magistrada Eugenia Cabello Díaz, de la Sección Primera de la Audiencia Provincial, que no quería fotos. Pero los focos se centran en él desde que se supo que también es sospechoso de ser el hombre que, presuntamente, organizó el viaje de la patera que naufragó en febrero frente a la afilada costa de Los Cocoteros, al norte de Lanzarote. Veinticinco personas, casi todas procedentes de la provincia de El Aaiún y en buena parte menores de edad, se fueron al fondo "como potalas", según el frío, preciso, cortante y desgarrador testimonio de un vecino de la minúscula localidad, que pese a su tamaño ocupa un lugar destacado en el mapa del drama de la inmigración irregular.
Brahim el electricista aseguró ayer que ni tan siquiera iba a bordo de la patera del Charco del Palo y, a preguntas de la fiscal, Yolanda López, afirmó que llegó ese mismo día a Lanzarote, pero procedente de Las Palmas de Gran Canaria a bordo de un barco de la Naviera Armas que le dejó "en un puerto grande" cuyo nombre no recordaba. "Vine a buscarme la vida, porque en Las Palmas vivía con mucha gente y ya había muchas tensiones. Iba a vivir con un amigo en Arrecife", explicó. Lo cierto es que lo primero que hizo fue beber, beber mucho, tanto que reconoció que estaba borracho cuando lo detuvo la Guardia Civil en el interior de un bar. El otro acusado, Mahmoud, que también se declara inocente, corroboró que no viajaba en esa patera, donde iban 27 inmigrantes, seis de ellos menores de edad.
Uno de los testigos dice que el trabajo habitual de Brahim era traer inmigrantes a las costas canarias, según recordó la fiscal ayer. Él ponía cara de incredulidad cuando atendía a la traducción del intérprete. Los dos Brahim posibles. ¿Cuál será el real?