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HEMEROTECA » |
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GREGORIO CABRERA. Mañana tengo que ir al Puerto otra vez", le dijo a su marido. Al día siguiente, en efecto, enfilaron las curvas desde el pueblo de Los Valles rumbo al Hospital Doctor José Molina Orosa de Arrecife. Más adelante, sus vidas tropezaron con un bache traicionero. Ese mismo día, a Avelina Camacho le confirmaron que tenía cáncer de mama. "Yo no me sentía de nada. Mira tú, que yo me iba a ir a Tenerife una semana..." Y se fue. Ahora tiene una cicatriz que le llega hasta la mitad del brazo, pero ahí está, sentada ante todos nosotros, contando su historia de superación.
Cuatro gatos demasiado gordos dormitan en el patio interior del edificio. Once mujeres ocupan otras tantas sillas en el interior de la habitación de blancas paredes, en la sede de Afol (Asociación de Familias Oncohematológicas de Lanzarote). La cortina azul deja pasar la luz de un sol que se marcha. Todas han sido víctimas del cáncer, en sus carnes o a través de familiares. Siete han sufrido cáncer de mama: Rosa Guardia, Águeda Anciones, Juana Falero, Avelina Camacho, Juana María Melián, María Edith Rodríguez y Virginia Novas. Son los nombres y apellidos de la estupefacción, el dolor, en muchos casos la rabia y siempre de la lucha. Carmen Montelongo, Juana Falero y Margarita Delgado perdieron a sus maridos. Todas necesitan ayuda psicológica. "No avanzo nada. Me decaigo", confiesa Carmen, que hoy ha aliñado su luto apenas con unas líneas blancas horizontales. "Se ve una cosita", le dijeron a Sandra Duarte. La operaron de un tumor cerebral de 8'5 centímetros.
En el centro del corro de sillas comienzan a acumularse las quejas, algunas de hiel, de estas mujeres, que en la mayor parte de los casos entienden que la atención oncológica en Lanzarote no está a la altura de lo que necesitan los pacientes y sus familias. Les parece inconcebible, por ejemplo, que no exista un equipo de atención psicológica, vacío que ahora cubre Afol. "Pensé que aparecía un psicólogo en cualquier momento", recuerda Águeda. No. En Lanzarote nunca aparece ninguno.
Denuncian que existe una doble insularidad, incluso en la enfermedad. "En Lanzarote deberíamos tener derecho a la misma atención, queremos la misma atención básica", insiste Águeda. Si es preciso aplicar radioterapia, la única alternativa es desplazarse regularmente, incluso a diario, a Gran Canaria o Tenerife. Virgina Díaz lo tuvo que hacer día tras día durante una temporada, luciendo su agotamiento y su impotencia por salas de embarque y listas de espera, como si no hubieran sido suficientes las de los hospitales y los centros de salud. "Aquí te mueres y después te llaman", sentencia cruda Juana María. Primero hay un silencio. Luego, varios asentimientos.
MÁS MÉDICOS. Hasta hace no mucho, la médico con la segunda plaza de oncología debía buscar salas libres por los pasillos hasta dar con una para atender a sus pacientes. Ahora cuenta con despacho propio. Pero les parece demasiado chiquita para la enormidad de sus problemas y preocupaciones, muy fría para el calor que les quema por dentro. Piden más oncólogos para Lanzarote. Carmen exige también que nadie más se vuelva a sentir tratado "como una marioneta". Su testimonio no resulta alentador: "Aquí hay que luchar para que te detecten el cáncer, porque la seguridad social no se preocupa". Otro silencio. Más cabezas que se mueven hacia arriba y hacia abajo.
Esperan respuesta, pero encuentran demasiados silencios y palabreríos huecos. Fuera, los gatos ni tan siquiera maúllan. No deberían alimentarlos tanto.
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