GREGORIO CABRERA
En su momento no fue una separación amistosa. Y ambas partes siguen manteniendo una relación tormentosa. El presidente de la Cámara de Comercio de Gran Canaria, Ángel Luis Tadeo, cerró ayer cualquier puerta a la posibilidad de entregar voluntariamente a su homóloga de Lanzarote una compensación de al menos dos millones de euros por el dinero abonado por los empresarios lanzaroteños antes de 2005 (cuando se produjo la segregación de los entes) y que habría servido para incrementar un patrimonio cuya parte proporcional se reclama en metálico. "Ya hubo un acuerdo, así que no sé a qué vienen estas patrañas", afirmó Tadeo, que parte de la base de que "no se debe absolutamente nada".
"En su momento se firmó un acta tras un acuerdo con la Dirección General de Comercio", aseguró Tadeo a este diario. Entiende, por tanto, que el asunto quedó zanjado. Agregó que, en cualquier caso, a la hora de una eventual valoración económica habría que tener en cuenta que el número de empresas lanzaroteñas que ha cotizado décadas atrás ha sido muy bajo y subrayó que "la Cámara de Lanzarote ha cobrado las cuotas desde su creación".
"Eso no es verdad..." Esto es lo que se oye en la otra orilla. El presidente de la Cámara de Comercio de Lanzarote, Eduardo Spínola, en efecto, aprecia posibles falsedades en las declaraciones de Tadeo. "Se firmó un documento, pero para la liquidación de las cuotas cobradas desde 2005, porque al principio siguieron recaudando ellos nuestro dinero", dijo.
Y si Tadeo se muestra firme, Spínola también, así que el choque de trenes puede repetirse. "El tema del patrimonio va a misa", sentencia. "Si no luchara por esto estaría haciendo dejación de mis funciones", insistió un presidente que afronta la etapa final de su mandato y que no aspirará a la reelección en la próxima llamada a las urnas para renovar los órganos de gobierno de la Cámara de Lanzarote.
A día de hoy, no se descarta incluso llevar el asunto ante los tribunales de Justicia si no encuentran una solución administrativa o se produce un acuerdo entre partes que, actualmente, se antoja improbable dadas las abismales diferencias que existen entre los prismas con los que se observa la situación tanto en Gran Canaria como en Lanzarote. Para Spínola, estas circunstancias forman parte de un marco general donde se le hace el juego a la Cámara grancanaria en perjuicio de los intereses de su hermana conejera.