GREGORIO CABRERA
Lo mejor de este espacio es lo que casi nunca se ve: las personas que lo hacen posible. A continuación oirán el canto de las ovejas negras... Eduardo Arrocha es un hombre bonachón y grande, pero incluso así se le desborda la pena por la mirada. "Siento tristeza y apatía. Llevo así veinte años, desde los diecisiete o los dieciocho", explica. Pero hay luces que penetran incluso en los lagos más oscuros. En su caso lo hacen también los sonidos. Eduardo es un apasionado de la música. Hoy trae bajo el brazo a Leonard Cohen. Otras veces ha sido Roy Orbison, Eric Clapton o cualquier grupo americano pantanoso de los sesenta y los setenta. Es normal que sea el alma musical del programa radiofónico La Ovejita Negra, que cumple dos décadas justas transmitiendo buenas ondas, lo mismo que dura la pesadumbre de Eduardo, que ha encontrado aquí una orilla donde su mal se diluye al menos por un tiempo.
"Muy buenas tardes y bienvenidos a una nueva edición de la Ovejita Negra..." La voz franca de Alberto Fernández, el timonel del programa, suena transparente. Pero hubo una vez en la que este joven recepcionista se apagó. "Se hizo oscuro", recuerda al aludir a una depresión aguda. Avanza el espacio. Se lee una adivinanza, se dan recetas, se ríe, se hace la claridad en corazones dominados demasiadas veces por las sombras. "La misión es llevar el mensaje a los pacientes psíquicos y a las personas deprimidas de que tienen abiertas las puertas del Cribo", apunta Leandro Cedrés, que padece un trastorno de la personalidad.
"Las enfermedades mentales no respetan a nadie", avisa Mari Carmen Ortega, que vive con un trastorno bipolar. "Cuando estoy bien estoy muy bien, pero cuando estoy mal... Depende de si lo ves venir, si no, te arrastra", dice. Para el último programa ha preparado un reportaje titulado El mundo de la calle. Para ello ha hablado incluso con indigentes y extrajo conclusiones que se escuchan ahora a través del micrófono y que harán pensar a más de uno: "En la calle no se dice lo que se piensa, se piensa lo que se dice...".
Trini Álvarez lee hoy las pistas para la adivinanza, que no revelaremos. "Yo lo que tengo son los nervios. Me puse mala, por los chicos..." Le hacían "trastadas". Una demostración de que hay mucho idiota sin tratamiento posible. ¿Se descifrará el acertijo de Trini? Ella no tiene misterios: es un ser sufriente pero adorable.