GREGORIO CABRERA.
Antonio Peraza, alias el Perrito, tiene dos explicaciones para su apodo. "Es porque me cabreo mucho", dice en primer lugar, sin dejar de moverse por la cubierta del barco, el Muyai, en pleno zafarrancho de pertrecho antes de zarpar. La segunda explicación es la buena: "Mi padre tenía una pastelería y le tenía que ayudar antes del colegio, así que llegaba con la lengua fuera, como un perrillo". Él no hizo ascos. A su primer barco le puso precisamente El Perrito y le estampó además una pegatina de Pluto en la popa. Ayer, Antonio partió hacia Madeira desde Lanzarote dentro de la decimosexta edición de la regata organizada por el Real Club Náutico, junto a un total de 48 embarcaciones a bordo de las cuales viajan más de trescientas personas.
"¡Carlos, te necesito ya en el palo!". Son las nueve de la mañana y el patrón del Muyai, Aureliano Negrín, reparte órdenes. "Uno hace esto por afición, es lo nuestro", comenta el rector de un barco que aspira al triunfo. Le acompañan en el intento el requerido Carlos Cabrera, el ya presentado Peraza, Sergio Gutiérrez, Óliver Cabrera, Ginés Hernández y Javier Redondo. Las primeras naves en llegar tararán más de cuarenta horas en hacerlo, es decir, que no lo harán antes de la mañana del jueves después de cubrir 290 millas.
Las sirenas de esta travesía no están en el océano, sino a bordo. En el caso del Miss Tick, la totalidad de la tripulación está integrada por mujeres. Al mando de las operaciones se encuentra la aguerrida marina María Campo de la Vega. Quizás su primer apellido lleve a engaño, porque es sobre todo una habitante del mar. "He hecho algunas travesías a nado por el Caribe y he cruzado cuatro veces acompañada el Atlántico y el Pacífico", recuerda. En su memoria ensalitrada destaca especialmente el acercamiento a las Galápagos: "Fue espectacular, había un montón de ballenas y lobos marinos".
En los pantalanes de Puerto Calero, antes de zarpar hacia la bahía de Arrecife para la salida definitiva, lisotes de hasta casi treinta centímetros se mueven como sombras negras. Más tarde, en más abierto, será el turno de los delfines. "Se ponen todos en la proa, jugando", dice Domingo Viñas, tripulante del Viento del Sur, patroneado por Jorge Toledo. "Uf", se oye resoplar por detrás. "Eso tengo que verlo..." Es Héctor Cabrera, que a los 19 años vivirá su primer gran sueño azul.