A. F.
ARRECIFE
San Bartolomé se fue ayer de romería, una cita popular en la que los más pequeños empiezan a despuntar como conductores de sus carretas familiares. Es el caso de Alejandro Corujo, de ocho años. Durante el recorrido no perdió de vista a la burra Pardela, a la que metió en vereda como si estuviera al lado del animal toda la vida. Con las riendas en su mano, Alejandro iba concentrado y sin pensar en otra cosa que tirar para adelante con sus primos Adrién, de cuatro años, e Iraya Betancort, de seis. Al lado, les seguía el tío de Alejandro, José Manuel Betancort, "por si el chico se me despista", pero allí seguía a lo suyo el niño, uno de los más admirados de toda la fiesta en San Bartolomé. "Le dijo a la madre que lo sacara pronto de la boda en la que estaba porque no quería faltar a la romería de su pueblo", comentó José Manuel, quien vive en el pueblo de Teseguite.
Quien también causó sensación fue el gallo Faustino, al que su dueño, José Francisco Álvarez, saca de romería enjaulado y colgado del techo engalanado del carro cada vez que puede.
La avenida Alcalde Antonio Cabrera y las calles Rubicón y San Simón, hasta la plaza de la iglesia, donde tuvieron lugar las ofrendas, fue el itinerario del animado desfile de romeros, en el que no faltaron los grupos musicales.