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El Chaparral, en la crónica negra

El desorden reina en el Polígono de San Cristóbal, en la Vega de San José. Un barrio oscuro donde hace 35 años sólo había plataneras y hoy acoge una población masificada que carece de servicios mínimos y de los planes que reclaman sus habitantes. Los parques ya no son el punto negro de sus calles, El Chaparral, tiene su crónica negra. Las esquinas son de los jóvenes.

 11:20  
Una vista general del Polígono de San Cristóbal.   SANTI BLANCO
Una vista general del Polígono de San Cristóbal. SANTI BLANCO 

MARISOL AYALA Son las nueve y poco de la mañana y de muchos de los portales del Polígono de San Cristóbal -evidentemente, no de todos- jóvenes delgados, con las manos en los bolsillos, se hacen señales, acuden a las cabinas telefónicas, llaman, merodean en las esquinas y siguen la ruta que, sin duda, transitan desde hace años. No en todos los casos son jovencitos, no. Los hay mayores, cincuentones, flacos y tatuados, caminando a saltos. Son los vecinos que viven en los alrededores de El Chaparral, en el corazón del polígono, una media luna de edificios bautizada con ese nombre y famosa porque sus cuatro calles no están asociadas, precisamente, a lo mejor del vecindario.

Mientras los chicos que buscan siguen su camino otros padres se apresuran para llevar sus hijos al colegio. Son dos formas de vivir en un barrio inhóspito y oscuro que le hace hueco a gentes distintas.

En El Chaparral, ese medio arco que conforman una veintena de bloques de viviendas, famoso por la miseria moral que se ha gestado en sus casas, una mujer de edad está sentada en la parada de guagua donde en Navidad Octavio Santos, de 21 años, perdió la vida cuando el Fatigas decidió que ya estaba bien de vivir. "Los periodistas más que nadie saben lo que pasa aquí, y lo que pasó en ése caso....". Estas son sus claves. "Uno le quitaba la clientela al otro, eso fue lo que pasó...". La clientela de la que habla la mujer no es la que compra pan, leche o huevos. No, es otra clase de compra. Droga.

Cuando quien dice ser unos de los vecinos más viejos del barrio, con más de 35 años en la zona, se saca el palillo de la boca y decide hablar, habla: "Oiga, no pregunte a nadie, pregúnteme a mí. Yo soy quien más puede hablarle de esto". Esto es "el Polígono". "Yo porque no me pongo, que si no escribía un libro precioso sobre el Polígono. Vamos a ver: ¿usted ve desde el Hospital Insular hasta aquí?, pues antes no había más que plataneras, un terreno muy grande. Entonces se edificó el Insular que tiene más de 35 años, creo, y las casas de pisos empezaron también por ese tiempo, o a lo mejor un poco antes. No sé. Pero le voy a decir una cosa, y es que aquí hay gente buena y gente mala, como en Ciudad Jardín o Triana, lo que pasa es que lo malo se ve más que lo bueno. Y si esto es malo es porque a nosotros no nos han hecho nunca caso. Hasta hace cuatro o cinco años aquí había gente que vivía en un local comercial, sin agua, sin luz, sin nada. ¿Cómo puede ser?, pues sí señor".

Después pasó que en ese clima de desastre se criaron muchos de los muchachos que "hoy están dando guerra". Quien los califica así es profesor de instituto y ha dado clase en San Cristóbal, de manera que conoce bien el perfil de su alumnado. "Mira, el chico que mataron venía a mi clase y yo no sabría decir si era mejor o peor, pero al menos hacía el esfuerzo de venir. Yo creía que el gran problema del Polígono era consecuencia directa, precisamente, de congregar tantos problemas sociales, tanta gente, jóvenes o no, en el mismo espacio. Pero ahora tengo mis duda. Lo que sí me consta es que muchos chicos se han criado prácticamente en las esquinas mientras sus padres salían a trabajar. Esa falta de disciplina ha ocasionado muchos problemas, demasiados."

Antonio es presidente de la asociación de vecinos Las Malvinas y como está malito le cuesta no sólo hablar sino hacerse entender: "Si tiene paciencia", dice, "le cuento qué pasa aquí. ¿Trapicheos?, claro que hay. Pero mire, si Dios nos metió entre la vida y la muerte, entre el Materno-Insular y el cementerio de Las Palmas, por algo será, ¡lo vio venir!", sentencia. "Este barrio nació mal, creció peor y está teniendo una vejez muy fea. Acabará mal".

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