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CARMEN SANTANA Quizá pocas veces una misión humanitaria ha conmovido tanto el corazón de una militar. El causante, Llovit, un niño afgano a punto de cumplir cuatro años, al que se le escapa la vida tras cada transfusión. Aquí, a tantos miles de kilómetros de distancia, sigue cómo languidece su quebrada salud Sabrina González Plasencia, oficial técnico sanitario del Ejército del Aire que espera a que, finalmente, la burocracia ministerial acepte el traslado del pequeño al Hospital Materno Infantil para salvar su vida.
La cabo del Ejército del Aire ha vivido en Afganistán poco más de cuatro meses una experiencia irrepetible. Desde el 11 de noviembre hasta el 16 de marzo de este año, en el que volvió a Gran Canaria, trabajó en el hospital de la base española de Herat, ciudad afgana de poco más de 300.000 habitantes al noreste de Kabul, como técnico sanitario.
Pero su vida aquí, después de más de un mes de la vuelta a casa, sigue pendiente de Llovit, que empeora cada día aguardando a que las autoridades españolas autoricen su traslado al Hospital Materno Infantil.
"Necesita un trasplante de médula cuanto antes. Su salud está muy deteriorada y las transfusiones son cada vez más frecuentes".
Sabrina y Juan Fajardo, teniente coronel y médico intensivista que atendió a Llovit en el hospital español, han promovido desde Afganistán el traslado al hospital grancanario del pequeño. Y desde aquí empezó a promocionarlo un hermano del médico, Luis, profesor de la ULPGC.
"Está todo en manos de Madrid", explica Luis. "Para nosotros es muy difícil saber en qué situación está el caso. No nos metemos en la burocracia ministerial", aclara.
Sabrina se emociona, y acaba sollozando, cuando reconoce que está muy afectada por la experiencia de conocer el caso de Llovit, de tratarlo a él y a su familia. "Te cambia la vida conocer a gente que vive en la pobreza y que es capaz de darte lo que no tiene. Y es muy triste que no se salve la vida a un niño, cuando sabes que responde al tratamiento, que puede recuperarse y tiene ganas de vivir y lucha. A las pocas horas de hacérsele una transfusión, era otro".
La militar canaria ha vivido la historia del pequeño de forma muy estrecha. Pocas semanas después de su llegada a la base española de Camp Arena para trabajar en el hospital hispano Role 2, Sabrina conoció a Llovit Besmelló, de apenas tres años.
Sus jóvenes padres habían acudido al centro español para que se le tratara de su grave enfermedad en la sangre, talasemia mayor, una anemia de tipo hereditario que se caracteriza por la destrucción de los glóbulos rojos. Las transfusiones de sangre ayudan a controlar los síntomas, pero sólo el trasplante de médula es la salida.
"Él ya estaba enfermo con apenas seis meses de edad", explica. "Desde entonces, ha precisado transfusiones de sangre, primero cada 28 ó 30 días; ahora cada 14. Su estado empeora y los órganos vitales se le van deteriorando. De ahí la urgencia del trasplante".
El hospital español es de atención básica y no se puede acometer en él una intervención de esta envergadura ni el posterior tratamiento que precisa Llovit. "Aquí en dos meses podría quedar estabilizado y abrirse su camino a la curación. Pero la decisión está en otras manos".
Para allanar obstáculos, Sabrina y el médico Juan Fajardo se encargaron, cuando todavía estaban en Herat, de tramitar el pasaporte del niño y sus padres. "El Materno ya había autorizado todo. Habíamos conseguido hasta un intérprete, y arreglamos el papeleo, que es allí muy caro y poco asequible para una familia pobre. Pagamos casi 300 euros. Y confiábamos en que el niño, con uno de sus padres, pudiera viajar. Pero seguimos a la espera".
Llovit y sus padres viven junto al resto de su amplia familia en una pequeña casa en la ciudad. En total, son 19 personas bajo el mismo techo.
Empleado en una empresa de desguace de coches, el padre de Llovit tuvo que dejar el trabajo debido a los cuidados que el pequeño ha ido precisando de forma creciente.
De tal forma que, aunque bajo la protección de su familia, los ingresos están a cero. Sabrina y otros militares, hasta del contingente italiano en Herat, le proporcionaban alimentos y dinero. Ella sigue enviando dinero.
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