ARMANDO PEÑA
Transcurridos dos años desde las últimas elecciones municipales, celebradas en mayo de 2007, Hamalgama Métrica inicia una serie de seguimientos municipales de los principales núcleos de población de Canarias. Los que se han publicado ayer y el domingo en esta rotativa se centran en las ciudades capitalinas de ambas provincias canarias.
Sin lugar a dudas, los resultados que se han obtenido son dignos de analizar detenidamente, indicando importantes tendencias que hacen variar, en cierta medida, las expectativas electorales generadas hace dos años, sobre todo en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, mientras que en Santa Cruz de Tenerife parece no haber, prácticamente, cambio relevante.
Hace algo más de un año se inició una profunda crisis económica que ha tambaleado los cimientos paradigmáticos del sistema económico, provocando profundas fracturas en todos los ámbitos y espacios de la actividad humana. Actualmente, nos encontramos insertos, de lleno, en las consecuencias sociales de esta crisis, generando demandas emergentes que resitúan las expectativas ciudadanas desde las bases del bienestar a la intranquilidad de la inquietante suficiencia.
La psique necesita de un "momento", de un espacio temporal, para poder reestructurar y asimilar un cambio profundo, forzado y exógeno, en este caso, el cambio se entiende como una veloz crisis económica que ha deshecho casi por completo el paradigma del bienestar "cuasi infinito" hacia un esquema marcado por la inconsistencia, por la incertidumbre, en definitiva, por la suficiencia económica para la gran mayoría de la población.
Las garantías sociales, tras meses de crisis, comienzan a debilitarse y emergen discursos nada positivos que poco ayudan a sosegar y tranquilizar a una población cuyas urgencias cotidianas empiezan a tornarse muy graves. Así, se observa que es el paro el mayor lastre para sus expectativas de futuro, a la vez que esta misma falta de actividad laboral ya empieza a generar actos conflictivos que la ciudadanía percibe como inseguridad ciudadana, consecuencia directa del estado actual del mercado laboral, en definitiva, problemas sociales generados por una nefasta gestión económica exógena, producto del mundo globalizado en el que vivimos hoy en día. La relevancia de estos dos problemas se observa tanto en Las Palmas de Gran Canaria como en Santa Cruz, indicando la necesidad imperiosa de actuar, sin demoras, en estos dos frentes sociales y, repito, dos problemas que no están directamente relacionados con la gestión municipal de ambas ciudades. Aún así, la lógica del ciudadano es la de demandar al gestor municipal que actúe en esa dirección y aliviar unos problemas que seguirán generando demasiados conflictos para dos ayuntamientos que, a simple vista, discurren por caminos caracterizados por el desencuentro interno y por la búsqueda de soluciones a la desesperada, como la propuesta de Miguel Zerolo de hacer partícipe a todos los grupos políticos del consistorio de colaborar en las tareas de gobierno o la de Jerónimo Saavedra de remodelar parte de su equipo de gobierno que, vox pópuli, se sabe que es, actualmente, una jaula de grillos.
Las expectativas generadas tras la victoria de Saavedra en Las Palmas de Gran Canaria se han ido diluyendo lentamente, ya sea por su propia labor interna marcada por la ineficacia de la labor de su equipo de gobierno y por los lastres económicos de anteriores gobiernos municipales, como por factores externos de índole económica. Las propuestas socialistas en el Ayuntamiento centradas en la transformación de una ciudad para y por los ciudadanos, priorizando y elevando en grado sumo el porcentaje de participación ciudadana en las decisiones del consistorio, se han quedado, a día de hoy, como mera intención de "buen rollismo", de demagogia espuria y vanal, de fracaso futurible. La concepción de la nueva ciudad marcada por el paradigma posmoderno que se fundamenta en la ciudadanía como motor de acciones reales, como eje transformador para la recuperación de los espacios para el ciudadano, haciéndola más habitable, más solidaria, más comunal, es una de las bases para la transformación de la cotidianeidad, hoja de ruta que se trazó Saavedra desde el comienzo de su legislatura y que, por ahora, no se ha visto plasmada en la realidad de una urbe que penaliza, sin paliativos, su gestión municipal pasados dos años de su exitoso triunfo electoral.
La ciudadanía de Las Palmas de Gran Canaria ha pasado del éxtasis triunfal a la incertidumbre del vacío. La ciudadanía se encuentra, a día de hoy, en ese momento de stand-by, de espera contenida, de observación intranquila, a la expectativa de una acción rápida y eficaz de su querido alcalde que haga resurgir la confianza electoral que hace dos años depositaron en el PSOE capitalino pero, desgraciadamente, ahora mismo, no es así y parece ser que las sensaciones no resultan ser muy halagüeñas para el varias veces ex ministro. La sensación de ineficacia en la gestión municipal empieza a sedimentarse entre la población y éste es el principal problema que debe tener en cuenta el señor Saavedra.
La incertidumbre antes comentada se traslada directamente a la estimación de voto si mañana se celebrasen las elecciones, pero, cuidado, no porque crezca en intención de voto su rival nacional (PP) o partidos nacionalistas (NC, CC, CCN), sino porque una parte importante del electorado que dio a su apoyo a la formación socialista en 2007 ahora duda de este proyecto, es decir, hay indecisión de voto en este tramo electoral hacia el actual equipo de gobierno, constatándose, por defecto, significativos trasvases de votos hacia partidos nacionalistas que emergen con cierta notoriedad en el panorama político de la capital, ya sea como voto de castigo o como voto de alternativa real, el tiempo y la gestión socialista lo dirán.
Aún así, el suelo electoral del PSOE en la capital sigue siendo sólido en cuanto a que gran parte del electorado canario se decanta por la figura del líder, es decir, son personalistas, cuando eligen la opción política en las urnas. Los datos afirman que los tres líderes mejor valorados son, precisamente, de esta formación, indicando que gran parte de la ciudadanía está aún comprometida, pero a la expectativa, con el proyecto socialista en Canarias y en particular con el del señor Saavedra en Las Palmas de Gran Canaria.
Por otro lado es digno de mencionar, en cuanto a líderes, la emergencia de dos políticos del PP en cuanto a valoración media. Tanto Larry Álvarez como Paulino Montesdeoca, aún con notas de suspenso, ya están por encima de los dos líderes conservadores que han monopolizado el poder de sus filas durante más de 10 años, me refiero a José Manuel Soria y Pepa Luzardo. Quizás, la ciudadanía demanda, de una vez por todas, el tan ansiado cambio generacional dentro de las filas populares.
En definitiva, la erosión del equipo de gobierno socialista es clara y evidente, todo dependerá de que en los siguientes dos años de legislatura se plasme, sí o sí, el proyecto de la nueva ciudad bajo los ejes sociales de la democratización y la participación ciudadana.