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MARISOL AYALA Los vecinos hicieron una encuesta y el resultado fue abrumador: no quieren llamarse El Polvorín. Quieren que su barrio, tan estigmatizado, tan vinculado, en un pasado cercano, al mundo de las drogas se rebautice y que cuando las aguas bautismales corran cabeza abajo se les conozca como Barrio de Lourdes. Y eso no es de extrañar porque el nuevo Polvorín no se quitará fácilmente ese fantasma del pasado. "Aún hoy hay taxistas que no vienen por aquí...", reconoce la presidenta de los vecinos Nueva Trayectoria, Estrella Castillo. En el barrio hay 400 viviendas y lo habitan unas 3.000 almas. En una reunión con los vecinos que crecieron en el viejo Polvorín queda claro que el barrio está en una encrucijada, lindando con San Antonio, Carretera de Mata y la parte baja de Schamann. En total, "unas 6.000 personas que entran, salen, suben y bajan, así que, claro, unos tienen la fama y otros el provecho".
Pero no nos engañemos, el nuevo Polvorín tiene puntos negros, negrísimos, y el más destacado en ese edificio azul conocido como "las 50 viviendas" que fue diseñado con buena voluntad pero rematado con mucha desgana. Tiene premio de arquitectura y todo, pero mirado desde dentro parece el corredor de la muerte. Se trata de un pasillo de 40 ó 50 metros con viviendas en hileras, pegadas a otras y frente a frente. El suelo de los pasillos es de cemento y en una de las plantas, la segunda concretamente, ese material ha sido sustituido por placas de madera. La verdad es que da un poco de miedo transitarlo porque caminar por él no ofrece mucha seguridad.
Los vecinos honrados, que son la mayoría, tienen que convivir con quienes no son lo mejor del barrio. De muestra este botón. Según datos del Ayuntamiento de Las Palmas Gran Canaria, ratificados por Estrella Castillo, de los 50 vecinos que habitan en el polémico bloque sólo nueve tienen trabajo reconocido, otros cobran pensiones no contributivas y el resto tiene "otras entradas". Algunos admiten, aunque con la promesa de no revelar su identidad, que "aquí viven tres o cuatro camellos. Como ves, se trata de un pasillo de mucha música, muchas carreras y mucho ruido..."
Sin ir más lejos, mientras hablamos con dos vecinos en una esquina dos jóvenes, con las pupilas dilatadas y voz pastosa, tratan de esconder unos aparatos de DVD que, según comentaron, "no son robados, estaban rotos, los arreglamos y ahora vamos a venderlos".
Aviso a navegantes: si fuera verdad que hay por ahí un abogado letrado que se encarga de taponar las denuncias vecinales para que éstas no lleguen al Ayuntamiento, que sepa que pincha en hueso. "Nosotros no vamos a parar hasta que la sociedad sepa que vivimos en un barrio abandonado a su suerte que está situado en el corazón de la ciudad. Con El Polvorín se ha cometido la injusticia de siempre: lavarle la cara, salir en los medios, contar que todo iría mejor y no sabe usted cuánta mentira encierra todo eso". Estrella, la directiva en pleno y algunos vecinos no se avergüenzan de vivir en El Polvorín, pero ya es un dato a tener en cuenta la petición de que el barrio cambie de nombre. "Criar hijos en este ambiente es complicado".
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