DELIA JIMÉNEZ
Los síntomas iniciales de esquizofrenia invadieron el universo mental de Roque Reyes en plena adolescencia. El primer brote coincidió con un cambio de residencia de su familia, que tras vivir varias generaciones en una casa terrera de La Isleta, tuvo que trasladarse a un edificio comunitario en La Vega de San José. Dice Jorge que su esquizofrenia fue clasificada por los especialistas que le reconocieron entonces como de carácter endógeno, lo que significa que está vinculada a los factores ambientales. Empezó a notar que se asfixiaba en la nueva casa y se sumió en un malestar físico inexplicable que desencadenó, paulatinamente, en graves episodios de delirio.
"Era como si siempre hubiera estado acostumbrado a un bocadillo de tortilla a la misma hora y, de repente, me encerraran en un ascensor", así explica Jorge Reyes el impacto que causó en su salud mental el cambio de residencia. Desde hace años se recupera de su enfermedad apoyado por el equipo de profesionales de Afaes (Asociación para el Apoyo de Personas con Enfermedad Mental). Dejar atrás la casa donde su madre le trajo al mundo y un ambiente tan entrañable como La Isleta le provocó la primera desconexión de la realidad. Ahora, se confiesa totalmente integrado en La Vega de San José donde "tengo muchos vecinos que me quieren y que me paran por la calle porque sólo desean hablar un rato conmigo". Su familia, integrada por sus padres, Roque y Cristobalina, y sus dos hermanos, han sido el pilar en el que se ha apoyado Roque en los momentos más duros de su patología. Comenta que deberá estar sometido a una medicación vitalicia, "pero los fármacos no te sacan de la esquizofrenia sino que sales por tu propia voluntad". Resulta imposible no encariñarse con Roque desde el primer encuentro. Su carácter directo, afable y la necesidad por transmitir la realidad de su mundo le convierten en un entrañable hombre de casi dos metros de altura al que , de vez en cuando, hay que frenar en su afán por hacerse entender.
Cuando la esquizofrenia truncó su camino él ya encontraba refugio en los libros de las distintas bibliotecas capitalinas. Jorge culminó con sobresalientes y matrículas de honor sus estudios de bachillerato y da muestras de tener una elevada formación intelectual. "Hubiera llegado muy lejos profesionalmente", aducen algunos de los profesionales que le atienden.
En el año 2000 Sara García llegó a Madrid procedente de Taiwán donde, según ella vivió dos años con el padre de su hija, de origen alemán y de profesión militar. Se sumió en una realidad diferente cuando "mi pareja no me dejó sacar a mi hija, que hoy tiene 20 años, del país. Por suerte, he conseguido recuperar la comunicación con ella y hablamos a través de internet. Sentí como si me hubieran desgarrado por dentro. Me vi durmiendo en las calles de Madrid y recorría a diario La Castellana con el norte perdido. No sabía ni dónde estaba y veía a mi niña a toda hora y en todas partes. Me rescataron unas monjas", expresa aún con evidente tristeza.
Tanto Saro como Roque insisten en que la sociedad tiende a asociar al esquizofrénico con agresividad. "Nada más lejos de la realidad. Es un estigma contra el que seguimos luchando. Por suerte, cada vez podemos llevar una vida más normalizada", afirma Roque Reyes. Ambos son conscientes de que aún queda mucho camino por recorrer.
La Asociación de Familias para el Apoyo de Personas con Enfermedad Mental (Afaes) estrena nuevas instalaciones en los antiguos juzgados de los Social en la calle Granadera Canaria, donde tienen numerosos talleres para los afectados. Los interesados en contactar pueden dirigirse al teléfono 928-313398.