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Confinados en Lomo Apolinario

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Confinados en  Lomo Apolinario
Confinados en Lomo Apolinario  

Calles que cambian de sentido, escasez de líneas de guaguas y atascos. Éstas son algunas de las dificultades que tienen que sortear diariamente los vecinos para poder entrar y salir del barrio.

ELISA ARDOY Construir las viviendas en lo alto de una ladera tiene a la larga consecuencias negativas, sobre todo, si los técnicos del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria cambian los sentidos de las pocas calles que comunican a un barrio sin contar con los que circulan día a día por ellas. Así lo denuncian los vecinos de Lomo Apolinario que se sienten "aislados" en un lugar del que entran y salen con dificultad.

"Es un caos", asegura José Suárez, conocido como Pepucho, que es el presidente de la asociación de vecinos Tabona. Algunas de las vías que han cambiado de sentido hace unos meses son la de Pedro Sanz Sainz y la de Crucita Cruz donde "se forman unos atascos enormes porque no tiene visibilidad", indica Suárez.

La comunicación es uno de los grandes problemas de Lomo Apolinario, tanto si se accede con los vehículos privados como si se opta por el servicio público. Las pocas líneas de Guaguas Municipales que llegan a esta zona de la ciudad (8, 81 y 84) pasan con muy poca frecuencia y su horario finaliza muy temprano.

"La número 81 es para reírse, pasa cada tres cuartos de hora de lunes a viernes, y los sábados y domingos, cuando sólo hay un vehículo, aparecen cada hora. La juventud se queja porque los fines de semana quitan las guaguas muy pronto, a las 20.30 horas, y no tienen más remedio que volver a casa en un taxi", explica Adela Darias, usuaria del transporte público. "A ver si se acuerdan de que hay gente que vive en Lomo Apolinario", sentencia.

Esta sensación de marginación y aislamiento se extiende por todo Lomo Apolinario. Los habitantes de los barrios vecinos, que han crecido rápidamente en el transcurso de los últimos años y que continúan en expansión, utilizan también las pocas vías de acceso existentes y hacen aún más complicada la circulación.

"Es un peligro, cualquier día atropellan a alguien por la calle, van a mucha velocidad porque son grandes rectas. Lo más peligroso es por la noche. Vienen aquí a correr con las motos por todas las cuestas", denuncia otro vecino.

Los residentes caminan o circulan hoy por donde hace no tanto tiempo sólo había plataneras. Poco a poco familias venidas de otras zonas de la isla de Gran Canaria se fueron asentando en estas tierras "buscando tranquilidad", como relata Ángel Hernández, uno de los vecinos más veteranos. "En los últimos 20 años ha cambiado todo muchísimo, aunque sigue siendo un barrio tranquilo, con sus cosas, como en todos lados, pero muy bueno para vivir y a 10 minutos de la capital", dice.

Una opinión compartida por la mayoría de los lugareños. "Es un barrio tranquilo, tanto que se puede dormir con la puerta abierta", bromea José Castellano, que vive desde hace más de cuatro décadas en Lugar de Lugarejo, una parte de Lomo Apolinario. "Por aquí sólo había tuneras, nada más, ni carretera ni nada".

Para convertirse en lo que es ahora el barrio tuvo que pasar por muchas vicisitudes. "En los años 50 mi madre murió en casa por un incendio provocado por una vela. No teníamos luz y el agua había que ir a buscarla al barranco o a las acequias", recuerda Hernández, que nació en Lomo Apolinario.

En la memoria todavía resiste la imagen del barranco Guiniguada corriendo. "Arrastraba todo lo que cogía a su paso, animales, chozas, todo. Si corre ahora como corría hace 50 años, arrasa parte del casco antiguo de la capital", augura Hernández. "Mi abuela trabajaba en aquella época vendiendo flores en el Puente de Palo y el agua le salpicaba".

Hasta la construcción por parte del extinto Patronato Francisco Franco en los años 50 de cuatro bloques de edificios, conocidas como el grupo de 96 viviendas del grupo Suárez Franchy, sólo existían algunas pequeñas casas. "Aquí no había nada cuando llegamos, sólo campos de tierra que se utilizaba para jugar al fútbol", recuerda Suárez que llegó al barrio con 24 años.

La mayoría de las plataneras de la zona pertenecían a Pino Apolinario, que a comienzos del siglo pasado llamó a varios sacerdotes de los Padres Paúles para que se encargaran de la educación de los hijos de sus trabajadores. La mayoría de sus empleados, que vivían en una especie de barriada, habían llegado del centro de la isla. La primera piedra del colegio San Vicente de Paúl se puso en el año 1917 y desde entonces ha sido una institución ligada a la historia de Lomo Apolinario. Años después se reformaría el centro educativo y se levantaría otro al lado la Sagrada Familia, que es gestionado por las Hijas de la Caridad, pertenecientes a la misma congregación religiosa.

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