BORJA VALCARCE
Molino de Viento amanece desde hace más de tres semanas completamente cercada por vallas de obra. Aquí sólo trabajan los obreros porque quienes realmente ha hecho de la calle su oficina han tenido que echar el 'cierre' forzoso ante la imposibilidad de que hasta allí se acerquen los clientes.
Ellas mismas cuentan que ya hace más de tres semanas que acabaron los trabajos de rehabilitación de aceras y saneamiento de la calle, pero ésta ha quedado ahora convertida en almacén para el resto de las del barrio, que también se verán beneficiadas por el proyecto financiado por el Cabildo de Gran Canaria. "Los obreros terminaron hace más de dos semanas", explica Rita Ortega, portavoz de las 'trabajadoras' de la zona, "tardaron tan sólo dos días en hacerlo todo, pero la calle se ha quedado vallada y sirve como contenedor de tuberías y maquinaria. Y ya no es sólo que el trabajo de las chicas no se haga con normalidad, sino que ha disminuido el volumen de negocio de todo el mundo, incluyendo los bares y los comercios".
"Desde que terminaron aquí", afirma Ortega, "en todo el día sólo aparece un obrero que no se dedica más que a mirar a la gente que pasa. Pero es que antes tampoco había muchos más, sólo eran dos. Esto es de risa, parece que estamos en un circo".
"Para nosotras la situación", denuncia, "es ya insostenible, por no hablar de que la criminalidad ha aumentado mucho. La policía, que siempre ha estado presente, no está pasando por aquí y la venta de droga se está descontrolando cada vez más".
La portavoz de las 'trabajadoras de las calles' subraya la inseguridad que para los vecinos supone que, a causa de las vallas, "si se prende fuego una vivienda no puedan acceder los bomberos", y que la vía se haya convertido en un lugar donde "se almacena la porquería y la suciedad porque los basureros tampoco pueden entrar".
Por las noches, cuenta, "se llena todo de ratas que salen de los agujeros y las alcantarillas de la calle".
Ortega ya ha interpuesto una queja en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y espera que sea la concejala del Distrito Centro, Magüi Blanco, la "que se dé un paseo por su calle para que vea la que tiene aquí montada".
"Somos personas y no animales. La calle está llena de basura y criminalidad. Así no se puede vivir, y menos todavía, trabajar en condiciones".