ELISA ARDOY
A través de unos agujeros en las alambradas los vecinos del Barrio del Atlántico se meten a jugar en los campos de fútbol de La Ballena. Este recinto se utiliza diariamente para los entrenamientos y partidos de los equipos federados de la capital, pero los fines de semana sirve de lugar de recreo para los más pequeños que acuden acompañados de sus padres.
Los campos que utilizan los lugareños son los más deteriorados de los siete que conforman el recinto deportivo. Hace tiempo que están cerrados y la inclinación es tal que los balones corren sin necesidad de darles una patada. "Esto para los niños es un peligro. Es fácil que se tuerzan un tobillo. Nosotros nos ponemos pegados a la portería, sólo para tirar a puerta", explica Juan Miguel Álamo, que suele ir con su hija los fines de semana a hacer algo de deporte.
Pese a las malas condiciones de los campos, inaugurados hace siete años, los vecinos prefieren que no se trasladen a otra zona de la capital, como ha anunciado el concejal de Deportes, Roque Díaz. "Están fatal, pero a ver a dónde nos vamos a ir. Mejor esto que nada, por lo menos hay algo en el barrio", dice Miguel Cuesta, mientras su hijo juega con la pelota.
Los usuarios aseguran que las grietas y los desperfectos empezaron a salir al año de su inauguración, pero que en los últimos meses se han deteriorado enormemente. "Han reducido el número de limpiadores y de personal de seguridad con el tema de la crisis económica y se nota, están mucho pero ahora", señala Paqui González, vecina del Barrio del Atlántico que hace tres meses sufrió una caída mientras caminaba por la zona. "Aquí más que footing hacemos senderismo", resumía con humor ayer Ceferino González mientras corría por el recinto.