LILI QUINTANA DÍAZ
Con el miedo metido en el cuerpo por la angustiosa y dramática experiencia vivida el pasado sábado en la reyerta que tuvo lugar en el parque de Buenavista, P. D. M. ha decidido relatar su particular película de terror con el objetivo de contribuir, con su testimonio, a erradicar la violencia en la sociedad.
P. D. M. -que ha solicitado permanecer en el anonimato- todavía se encuentra noqueado por los hechos acaecidos y no encuentra explicación al brutal ataque, aunque sus momentos de claridad le llevan a pedir justicia. "Todavía no entiendo lo que ha pasado ni el porqué. Sólo habían pasado cinco minutos desde que llegué a casa del trabajo y salí a pasear a mi perro como cada noche, cuando de repente oí ruidos y gritos. Sólo escuché: '¡salgan corriendo!' Pero me di cuenta de que el perro se quedaba atrás y fui a buscarlo. Fueron segundos muy angustiosos. Me vi rodeado por cuatro personas y sólo quería escapar", afirma.
Según relata, un ataque de adrenalina salvó su vida, aunque vivió momentos de pánico. "Pensé que era una película de terror. No entendía lo que estaba sucediendo ni por qué a mí. Quería huir por la escalera y uno de ellos me bloqueaba el paso, pero tenía que escapar. De repente, recibí un golpe en el pecho con un palo, o con un bate de béisbol, que me impulsó hacia delante y acto seguido me dieron en la cabeza. Creí que me mataban a palos. Tengo la cara llena de moretones; en el lado izquierdo, cerca del ojo tengo varios puntos. En el lado derecho por encima de la oreja, varios cortes, magulladuras y mucho dolor. También me dieron fuerte en el pecho, en la espalda y en los brazos. Me tenía que proteger y salir del grave incidente en el que estuve envuelto", matiza
Ayer volvió a su casa después de varios días ingresado en el Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín, donde se lo trató de las múltiples heridas que le provocaron en la reyerta en la que se vio inmerso y en la que, según fuentes presenciales, participó una veintena de personas.