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LOURDES S. VILLACASTÍN Movimientos suaves y armónicos. Es la percepción que se tiene al observar a una persona haciendo Tai-Chi. Pero es sólo apariencia. En realidad se trata de un arte marcial, de origen chino, que trata de controlar la energía interna de nuestro organismo mediante ejercicios de equilibrio y coordinación. Su práctica aporta beneficios tanto físicos como mentales. Ye Ying, que desde los seis años practica esta técnica milenaria, se han convertido en todo un espectáculo cada mañana en Las Canteras, a la altura de la Peña la Vieja. Sus abanicos, sus sables y la suavidad de sus movimientos han llamado tanto la atención que incluso el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria le propuso que descubriera a otros los beneficios terapéuticos de su arte dentro del circuito de ocio Playa Viva. Por eso todos los sábados, quienes quieren, siguen sus enseñanzas en el mismo escenario playero.
Vestido con un traje de seda blanco inmaculado, Ye Ying parece un espectro salido del mar. "Entre las seis y las ocho de la mañana es la mejor hora para practicarlo porque estimula toda la red sanguínea del organismo y te da energía para todo el día", explica este profesor de Tai-Chi, licenciado además en literatura china.
El Tai-Chi Chuan -abreviatura del puño del ying y el yang- nació en China en 1197 como un arte de defensa personal para cultivarse y autosanarse. En la actualidad forma parte de la cultura popular de ese país asiático y es muy común ver a sus ciudadanos practicar algunos de sus cinco estilos en cualquier parque o plaza.
La técnica consiste en realizar una tabla de movimientos suaves y fluidos. Los músculos y las articulaciones se fortalecen pero también lo hace el qi, la llamada bionergía.
"Se trata de traer el máximo oxígeno fresco a nuestro cuerpo inspirando por el vientre mientras realizamos uno de los ejercicios con la máxima concentración. Cada movimiento suave supone un masaje interior que cultiva uno de los órganos interiores de nuestro cuerpo. Los pulmones, el hígado, el corazón, etc.", añade Ying, desde hace ocho años residente en Canarias.
Aunque la mayoría de los practicantes de este arte marcial son personas mayores, Ye Ying afirma que en el Tai-Chi no hay edad ya que sus beneficios físicos y mentales son buenos para ejercitar a cualquier edad.
Desde hace siete meses, mantiene un grupo de veinte personas en el que hay adultos de setenta años y hasta un niño de catorce años, del que dice está "predestinado" a lograr el objetivo final del Tai-Chi, que es controlar no sólo el cuerpo sino la mente.
El aprendizaje del Tai-Chi mejora la postura del cuerpo. Se está más erguido y se tiene más flexibilidad en las piernas. "El cuerpo no debe estar tenso pero debe estar atento a los movimientos. Se entra en un estado de relajación pero también de atención. La relajación ocupa un 70 por ciento y la atención un 30 por ciento", añade.
Ying cree que la imagen que se tiene del Tai-Chi no se corresponde exactamente con su filosofía. "Se entiende más como un deporte más que como un hábito de vida". Y, avisa, que como en tantas otras profesiones aquí también hay "intrusismo profesional".
Se lamenta de que la comunidad china, que lleva asentada décadas en Canarias, no haya logrado mostrar a los isleños esta filosofía ancestral que desde hace años se cuela con fuerza en el ritmo ajetreado de occidente.
Y es que para realizar los movimientos se necesita aprender a coordinar nuestro cuerpo y a tener equilibrio. Es el primer paso para llegar al control de nuestra mente.
Si no se logra ese objetivo "el sistema nervioso sigue provocando al cuerpo" y no conseguimos el bienestar terapéutico que proporciona el Tai-Chi.
Ying afirma que, al principio, los movimientos "desorientan" a las personas que los practican. "No son difíciles y en cuatro meses una persona podría realizar los con cierta facilidad", dice.
Los ejercicios ayudan a relajar la mente y a "descargarnos" de la mala energía que acumulamos a lo largo del día.
"Da igual que la recibimos del exterior o que la generemos nosotros con nuestro carácter. Todo esa cólera, ese temperamento, esa intolerancia se acumula en algún órgano de nuestro organismo. Es energía negativa que se prende con facilidad en nuestro cuerpo. El Tai-chi ayuda a recanalizar esa energía con el relajamiento. Cuando tu te encuentras a gusto no te enfadas tanto y practicando Ta-Chi vas a ir adquiriendo un hábito que es controlar ese enfado" , subraya
"Cuando una persona practica Tai-Chi, el primer año aprende las reglas, el segundo a controlarse y a ser tolerante con los demás y, el tercer año, su sabiduría final".
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