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R. G. Con forcejeos, zarandeos y gritos de "sinvergüenzas" y "la Virgen no es tuya, es del pueblo", dedicados al párroco de la iglesia de Los Dolores en Schamann y a la concejala de distrito, Inma Medina, acabaron el pasado domingo las fiestas principales de este barrio de Ciudad Alta al negarse el cura a sacar la imagen de la Virgen en procesión por la amenaza de lluvia.
El motín schamanero comenzó a gestarse en la tarde del mismo domingo, cuando un grupo de vecinos devotos de la Virgen de Los Dolores comenzó a realizar una alfombra en la calle Sor Simona para que la procesión, prevista para las siete de la tarde, pasase por encima. Sin embargo, el párroco, Nicolás Monche, temeroso de que la lluvia constante estropease la imagen de la Virgen, prefirió anular el recorrido. La noticia prendió una mecha que corrió como la pólvora hasta la calle Sor Simona, donde explotó el polvorín en forma de ira popular.
Los vecinos de dicha calle se negaron a que el cura les dejase sin procesión hasta dentro de un lustro, ya que el recorrido se cambia todos los años y el de ayer no volvería a repetirse hasta 2014, y un pequeño grupo de ellos, algo exaltados por su devoción a la Virgen y, a decir de algunos testigos, por un abuso del líquido que sustituye a la sangre de Cristo en las misas, se dirigió hasta la plaza de Don Benito (Pérez Galdós) donde comenzó una revuelta y un sitio al templo más propio de los Episodios Nacionales.
"La Virgen es del pueblo", "el cura no se quiere mojar", "nos han engañado" y otros improperios de mayor calibre le dedicaron la decena de sublevados tanto al representante de Dios como a la de Saavedra que aguantaban estoicamente a la puerta de la iglesia. Algunos de los exaltados llegaron a agarrar del brazo y zarandear al sacerdote y a la concejala, por lo que alguien decidió llamar a la Policía Local para evitar males mayores.
Sin embargo, el motín siguió en el interior de la iglesia a donde fue trasladada con prisas la imagen para evitar la lluvia de improperios. A salvo de la presencia policial en lugar sagrado, los revoltosos se envalentonaron y siguieron su ataque a cura y concejala.
El último momento de tensión se vivió cuando el sacristán de la iglesia, harto de los gritos de los devotos amotinados, les espetó un "¡que se marchen!" que no tardó en ser contestado con un "¡nos quieren echar de la casa del Señor!" con su correspondiente retahíla de insultos al escolano. Al final, hasta que no se apagaron las luces del templo y empezaron a cerrar sus puertas, los sublevados no dejaron de dar la nota.
"Era un grupo pequeño pero muy chillón", recordaba ayer el padre Monche, "no sé por qué se pusieron así porque es gente que nunca había pisado la iglesia y que parecía que iban chupados [bebidos], gracias a que no pasó nada y que el resto me apoyó". En su descargo el sacerdote aseguró que en misa de doce ya había avisado que no había procesión para que no hicieran las alfombras.
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