EVA PÉREZ
Casi todas las personas piensan en algún momento en lo valioso que sería tener una segunda oportunidad. Puede estar detrás de una puerta cerrada, al otro lado del teléfono o en un taller de costura, como es el caso de Tabita, un proyecto de la Fundación Cáritas que ayer inauguraba en Lomo Blanco sus nuevas instalaciones.
Tabita es un centro de formación y de reciclaje de ropa, pero sobre todo es un proyecto que persigue la integración sociolaboral de mujeres víctimas de la violencia de género, personas con escasos recursos económicos, ex reclusos, inmigrantes en proceso de regulación o personas que están en tratamiento de desintoxicación. Todos con algo en común: una acentuada vulnerabilidad que reclama ayuda a gritos.
"Es un proyecto muy chiquitito pero muy significativo", según lo describe Pino López, responsable del programa de empleo de Cáritas. La iniciativa echó a andar en noviembre de 2006 en una nave de El Calero. Desde entonces, 55 personas han encontrado en este proyecto la oportunidad de aprender un oficio y de rehacerse a sí mismas.
Los alumnos clasifican la ropa donada a Cáritas, la lavan, la desinfectan y la etiquetan, y dos veces a la semana asisten a un taller de costura. También elaboran productos propios como traperas, bolsos de tela vaquera y paños de limpieza que compran empresas como Cartonera Canarias, DISA o Astican. En medio del trajín, de paso, se dan cuenta de lo que son capaces y caen en la cuenta de que todavía están a tiempo.