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MÓNICA PERDOMO BÁEZ / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA Dos mil niños y jóvenes utilizan cada semana las instalaciones deportivas de La Ballena, cuyo alto grado de deterioro hace peligrar la integridad de los futbolistas, debido a las frecuentes caídas y fracturas. El complejo está integrado por siete campos de fútbol de los que sólo se están utilizando cinco.
El Ayuntamiento capitalino está construyendo dos campos en Tamaraceite para intentar canalizar la demanda futbolística, así como en el Barrio Atlántico, para poder clausurar los de La Ballena a mediados de 2010, una solución que no convence en absoluto a las entidades deportivas.
Los clubes más grandes de la Isla, Unión Viera, Acodetti, Huracán, Universidad, Salesianos, Intercanarias y Alcotán, tienen programadas sus sesiones de entrenamiento en estos campos "porque no queda otro remedio" como reconoce abiertamente Víctor Manuel, técnico del Viera juvenil C. Asegura que supone un auténtico sacrificio primero programar las sesiones ya que en un día como el lunes, los equipos alevines A, B y C, se dividen el campo con el Universidad y sólo disponen de 45 minutos, para así posteriormente dar cabida al resto de equipos.
Los técnicos Carlos, Cheíto y Ángel Veloso admiten sin ningún reparo que "la necesidad obliga" y que a falta de campos decentes "aquí nos apañamos", pero reconocen que dada la cantidad de futbolistas que utilizan las instalaciones, "es una pena que la clase política no tome conciencia de lo que le está ofreciendo a la juventud".
"Ojalá se dieran una vuelta por aquí y vieran la ilusión con la que vienen los pequeños. El fútbol es una forma de que llenen su tiempo de ocio con hábitos de vida sana, pero no se dan cuenta", comenta Cheíto.
"Esta situación es lastimosa, porque esto no es césped, es moqueta gastada, aquí las lesiones de rodilla son muy frecuentes", admite Víctor Manuel, que cuestionado sobre la elección de otro lugar responde con certeza: "¿Y a dónde vamos a ir? No hay campos, no nos dan soluciones, entrenamos en el Luis Molowny, pero esto da vergüenza", dice.
Agujeros en el césped, desniveles, rajas en las paredes de los vestuarios, que permanecen cerrados. "La Ballena fue un vertedero y va camino de convertirse en lo mismo", apunta un vecino de la zona que todas las tardes acude a ver entrenar a los niños, pues está jubilado.
Un testimonio muy importante es el de la joven Vidina Sánchez, de 20 años, jugadora del Unión Viera. Recientemente ha sufrido una lesión en un codo que la ha llevado a estar varias semanas de baja y, por lo tanto, no puede acudir a su trabajo ni percibir ingresos pues al ser una lesión deportiva no lo cubre la Seguridad Social. "Me caí al pisar el balón y apoyé el codo pero si el pavimento estuviera en buenas condiciones hubiera sufrido menos, casi perdí el conocimiento y encima estuve media hora esperando por la ambulancia. Mis compañeras de equipo con frecuencia sufren torceduras de tobillo, esguinces y hematomas. Parece mentira que estemos jugando en unos campos con estas condiciones. La juventud necesita instalaciones deportivas dignas por seguridad", concluye.
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