El arquitecto José Miguel Rodríguez, que participó en el informe encargado por el Ayuntamiento capitalino sobre la viabilidad del sostenimiento de los campos de La Ballena, ha explicado que han vuelto a solicitar un segundo informe sobre la posibilidad de remodelar los terrenos, en consonancia con una empresa peninsular especializada en el tratamiento de terrenos. Es una esperanza. Rodríguez comenta que al construirse sobre un basurero que luego fue escombrera, tiene una profundidad de relleno de 30 metros que no se compactó bien. Por ello, el piso presenta deformaciones. Además, al ser un barranco los terrenos no son firmes y se van moviendo porque el agua se filtra. Añade que comprende en cierta manera la "presión" que sufre el Ayuntamiento, pero que es natural dado que son muchos los jugadores que usan las instalaciones. Los vestuarios se mueven, van cediendo y pueden caerse azulejos. "No se tuvo en cuenta el lugar en el que se edificó, y desde luego se tenía que haber invertido mejor dada las condiciones especiales del lugar. En cuanto al relleno, por ejemplo, la granulometría no fue la adecuada, y claro, con el paso del tiempo, todos estos fallos han salido a la superficie, como es lógico", concluye Rodríguez. M.P.B.