RAÚL GIL
Más de 35.000 personas han podido comer en lo que va de año gracias a las donaciones que el Banco de Alimentos de Las Palmas recibe a diario de particulares y empresa colaboradoras. El año pasado a estas alturas habían sido 16.000 los solicitantes. Las cifras hablan por sí solas de los efectos dramáticos de la crisis en las familias de Gran Canaria, ámbito que atiende esta entidad privada, una crisis que ha cambiado el perfil de los peticionarios de ayuda. "Al contrario de lo que podría creer la gente, los que piden alimentos no son indigentes sin ningún recurso, ahora hay mucha gente con chaqueta y corbata que pide ayuda porque se han quedado en el paro y no llegan a fin de mes", afirma Manuel Pérez, presidente del Banco de Alimentos.
Pérez recibió ayer en su sede, un local de apenas 60 metros cuadrados en Mercalaspalmas, al presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero, que comprobó in situ el funcionamiento del Banco. "Esta labor es importantísima porque da ejemplo a toda Canarias de que debemos ser menos egoístas", manifestó el presidente.
Entre cajas de arroz, leche, tomate en salsa, galletas y hasta algunas golosinas, Rivero conoció de primera mano el trabajo de los más de 30 voluntarios que a diario acuden hasta Marzagán a seleccionar los alimentos donados para luego hacer lotes que envían a las asociaciones benéficas que las reparten directamente entre los necesitados. Pérez aprovechó para pedir al presidente mayor colaboración para gestionar los tres millones de kilos de comida que ha recibido este año para donaciones el Banco. "Aquí ya no cabe tanta caja, necesitamos ayuda, necesitamos más gente y sobre todo, más hueco para almacenamiento de alimentos", lamentó el presidente del Banco. Rivero no regateó el envite y se comprometió a conseguir un local de 200 metros cuadrados en las próximas semanas además de incluir al Banco entre las entidades colaboradoras del Gobierno para recibir ayuda.
Sin la capacidad económica de Rivero y su gobierno pero con más ansia de ayudar si cabe, se encontraba ayer en el Banco José Manuel, un voluntario que echa una mano. "Soy pensionista por enfermedad, pero me encuentro con capacidad para echar una mano aquí y sentirme útil para mí y para los demás".