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EVA PÉREZ Todo empezó por el fútbol para acabar a orillas del mar. La pasión que Pepe Gonçalves profesaba al balompié le llevó a fundar en 1910 el Sporting Club Victoria, la primera piedra de lo que llegaría a ser el Real Club Victoria. A punto de cumplir su centenario permanece erguido orgullosamente sobre la playa de Las Canteras, paisaje en el que se ha integrado de forma indisoluble y "patio" de las casas de todos los victoristas.
Negro y blanco fueron sus colores desde el principio, emulando al equipo inglés de moda de la época, el Newcastle, del que Gonçalves era gran admirador, producto de sus años de estudiante en Inglaterra. En sus archivos caben además otros nombres de gran relevancia en la historia social de la ciudad, como el del farmacéutico Vicente López Socas o el del visionario Virgilio Suárez, que compró el solar donde se levanta su sede, uno de sus mejores tesoros.
"Isleteros, marineros y porteños". Así se describen los victoristas, que han hecho de La Puntilla su buque insignia. Manolo Montes, célebre portero del Victoria y primer guardameta de la Unión Deportiva, ha vinculado su identidad a la de la playa capitalina. "Yo me hice portero debajo del Muro Marrero", afirma tajante. Con el salitre a cuestas llegó a las filas del equipo amarillo, jugó en primera división y dejó innumerables regalos para la memoria gracias a una calidad innata que se desprendía de su juego.
En el paseo por esos recuerdos futboleros le acompaña Juan Santana Macías, victorista hasta la médula, que se hizo un hueco en la historia del fútbol al ser la primera ficha de la Unión Deportiva en el año de su fundación, 1949.
FÁBRICA. Pero si alguien atesora la historia del Victoria en los vericuetos de su memoria, ése es Segundo Medina. A sus 88 años es el socio con más antigüedad en el Club. "Ya vengo poco por aquí", reconoce, pero su poder de evocación es tanto que puede transportar a cualquiera a la década de 1910, por ejemplo, cuando "unos locos victoristas se pusieron a sacar piedras de un solar en el puerto para levantar el estadio Pepe Gonçalves" o al año 1948, cuando Virgilio Suárez "tuvo la grandiosa idea de comprar el solar en Las Canteras". Fue entonces cuando se levantó sobre una antigua fábrica de barcos la actual sede de la entidad. En sus cimientos quedaba ya registrado su espíritu marinero, que se convertiría en una seña de identidad irrevocable.
Domingo Rodríguez es socio del Victoria desde hace 66 años, momento en el que su padre lo inscribió en sus listas. "He pasado por todos los estamentos de la organización", reconoce orgulloso. Se acuerda perfectamente de cómo los socios se negaron a vender el local de Las Canteras en los años 70, cuando era presidente. Así que saborea con un placer satisfecho cada uno de los rincones de esta privilegiada esquina, en donde el mar y la playa se cuelan por cada ventana.
Otra de las evocaciones más felices de Rodríguez se remonta a finales de los años 50 y principios de los 60, cuando el Victoria alquiló su planta baja para convertirla en una sala de bailes, el Costa Bella. Coincidía con una época dorada para el turismo y era fácil tropezarse allí con las suecas y su despampanante libertad. Los recuerdos son otro de los pilares sobre los que se levanta esta casa. Desordenados, porque la memoria no sabe de esquemas, y mezcla el fútbol con los barcos y el estadio con la arena. Un cóctel delicioso, servido a orillas de la playa.
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