RAÚL GIL
La falta de planificación del saneamiento por parte de los distintos gobiernos municipales de las últimas dos décadas condena a que Las Palmas de Gran Canaria sea vulnerable a las inundaciones cada vez que se registran casos de lluvias intensas como el ocurrido el pasado martes. Así se desprende de la opinión de varios expertos que conocen bien la red de alcantarillado de la capital, una red de tuberías con una media de edad que ronda los 25 a 30 años y que se muestra ineficaz ante las avalanchas de lluvia.
Según técnicos de Sercanarias, empresa encargada por Emalsa del mantenimiento de todas las alcantarillas de la ciudad, la red es antigua y apenas se ha mejorado en algunos tramos en las últimas dos décadas. A ello se une que en zonas en las que la población se ha triplicado o duplicado, como es el caso de Guanarteme o Luis Doreste Silva, siguen funcionando las mismas tuberías que cuando sólo existían casas terreras. Ésta es la causa de que en Luis Doreste Silva, señalan desde Sercanarias, la tubería de 800 milímetros que sirve para desahogar conjuntamente el agua de pluviales y las fecales funcione habitualmente a más de dos tercios de su capacidad cuando no debería ir a más de la mitad para permitir la circulación de las avenidas repentinas de lluvia.
Otros ingenieros consideran que la tromba de agua de lluvia que registró la ciudad el martes (con 45 litros por m² en Triana) es un caso excepcional y que la red de saneamiento no está diseñada para esos casos, sino para aguantar el índice medio de pluviosidad de la ciudad, que se sitúa en 120 litros al año.