L. S. V
Desempolvadas y listas para contar su particular mensaje, las 700 figuras que componen el tradicional belén de San Telmo vuelven a ocupar su sitio habitual desde hace más de cincuenta años en el histórico parque capitalino. Este año, y a pesar de la crisis, estrenan escenario y ganan altura. Ayer se encendió por primera vez este año, merced a la intervención del edil Roque Díaz, el clásico pesebre con el que se anuncia la Navidad en la capital.
El conjunto, de estilo hebreo-palestino, ha sido confeccionado por quinto año consecutivo por el belenista Fernando Benítez sobre una superficie de 40 metros cuadrados. Este año la tarima sobre la que se desarrollan los pasajes religiosos ha ganado 25 centímetros de altura más que en ediciones pasadas lo que permitirá a grandes y a chicos disfrutar desde otra perspectiva -60 centímetros- los pasajes bíblicos de la Anunciación, la búsqueda de una posada, el mensaje del ángel a los pastores, el Nacimiento, la matanza de los inocentes y la huida a Egipto.
El belén renueva además este año escenografía. Benítez ha confeccionado un nuevo escenario de casas y paisajes de la tierra palestina para las figuras de estilo murciano que esculpieron Nicolás Almansa y Jesús Griñón. Su fuente de inspiración han sido los libros de historia y las películas.
"No me gusta mezclar estilos. Además, no soy nadie para cambiar un pesebre con cincuenta años de tradición", confesaba ayer Benítez, con más de 25 años como belenista. Pedía eso sí, civismo y respeto para su trabajo y para el antiquísimo grupo escultórico que desde hace años también es objeto del vandalismo 'monetario'. "No es una caseta de tómbola. Es un trabajo efímero, que no molesta, y que representa el pasado de nuestra ciudad".