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E. SANTANA La Navidad ya está casi encima y con ella llega a toda velocidad lo de todo los años: ajetreo, prisas, supermercados rebosantes y lío de tráfico. Una alternativa a tanta desazón la constituye una ruta sosegada por los belenes de la capital, más de una veintena. El itinerario permite conocer una tradición artesanal de origen franciscano de más de ocho siglos de historia y cada vez más arraigada en nuestra ciudad.
Para Vicente Díaz, presidente de la asociación de belenistas canarios San Juan de Dios, "el interés crece de año en año, como demuestra el constante aumento del número de visitantes", por lo que ya es frecuente en estas fiestas que muchos incluyan la visita a los nacimientos dentro de sus planes de ocio. "Es una pena limitar la Navidad a las grandes comilonas, regalos y derroche", sobre todo ahora, que la incertidumbre económica impone gastar más con la cabeza que con el corazón.
La ruta por los belenes capitalinos ofrece desde los estilos más tradicionales hasta los de arena (Las Canteras) o los que incluyen, pocos, a las nuevas tecnologías en iluminación, por ejemplo. Sin embargo, los más frecuentes en la ciudad son los de estilo popular o canario, que reflejan el tipismo de nuestra tierra en la indumentaria de los antiguos pastores, además de la fauna y flora autóctonas. Ejemplos de ellos son los belenes de Hiperdino y el de Las Coloradas.
El estilo hebreo, el más usual, se distingue por las casas con cúpulas y las ventanas de medio punto, además de recrear el paisaje y las costumbre propias de Palestina en el tiempo contemporáneo de Jesús. Típicos hebreos son el de San Telmo y San Juan de Dios.
Margarina Navarro, de la asociación de belenistas Castillo de La Luz puntualiza sobre los materiales para la confección del escenario, y afirma que el corcho y la gomaespuma o el serrín son los más empleados en los nacimientos canarios, bien para la maquetación o para recrear paisajes y simular edificaciones. Otra característica de interés es el tamaño de las figuras -muy útiles para crear perspectivas según su colocación-, rondan "entre 17 y 20 centímetros, y las más grandes pueden llegar hasta los 40 centímetros".
Vicente Díaz, que lleva más de 20 años dedicado a esta paciente y delicada labor, prefiere seguir empleando el papel maché (pasta que resulta del periódico molido) para la maquetación. Apunta: "Ahora muchos belenistas nos vemos obligados a utilizar plantas artificiales con el fin de evitar el engorro de los permisos, ya que la legislación controla muy de cerca el uso de especies protegidas". Todo esfuerzo es poco en este trabajo y con el fin de que no decaiga esta práctica popular, Díaz se propone potenciar desde la asociación que preside talleres para gente con habilidades e inquietudes.
Son muchos los artesanos que dedican su tiempo libre a perfeccionar técnicas sobre este arte minucioso. "Durante todo el año nuestro trabajo pasa inadvertido, ya que lo que hacemos no se ve hasta ahora, que parece que cae como del cielo; sin embargo llevamos meses en este cometido para que al fin se convierta en una bonita realidad".
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