Ricardo Carzorla salió en libertad el pasado martes después de llevar dos años y siete meses en prisión preventiva acusado de tres delitos de agresión sexual, cometidos en 1997. Durante todo el proceso judicial se declaró inocente, pero las pruebas testificales pesaron más que las pruebas biológicas en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Las Palmas, que le condenó a 36 años de prisión. "En el juicio no me dejaron hablar ni veinte minutos y ellos hablaron todo lo que quisieron en contra mía", dice. Su absolución deja el caso cerrado para Ricardo, aunque abierto de nuevo para las tres víctimas de la agresión sexual. "Para el bien de la sociedad, la policía debería de coger al agresor. Esto no queda bien porque si yo salgo de prisión la gente dirá que dónde está el verdadero autor. O está en la calle o está preso", razona Ricardo en el despacho de su abogado. De esta segunda estancia en la cárcel, la primera cumplió 40 días por robo con intimidación, no guarda ningún buen recuerdo. "Aprendí a estar vivo, a ser más observador y no el niño de cuarto curso", añade Ricardo, con un crucifijo marrón colgado al cuello. Con las "prisas" de la salida uno blanco se quedó en Salto del Negro. L. S. V.