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LOURDES S. VILLACASTÍN / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA "Mire usted qué imagen le estamos dando al Turismo y luego se van a Madrid a pasear la Isla". Paco, vecino de Ayacata, está irritado con los técnicos del Cabildo de Gran Canaria. La carretera de Ayacata a Tunte está cortada a la altura del restaurante La Candelilla después de que una piedra de grandes dimensiones cayera sobre la calzada durante la madrugada del jueves. Hoy es viernes y en la vía no hay ni operarios ni maquinaria de la institución insular aunque sí mucho turista en bicicleta que sortea la vía embarrada y hundida. "Esto es de vergüenza. Si alguien se muere no le pueden ni ir ni a enterrar a San Bartolomé", sentencia el paisano.
Ni en San Bartolomé ni en Tejeda porque también otro tramo de esta vía -la GC-60- se encuentra en la misma situación desde el último temporal, ocurrido el pasado uno de febrero.
A pie de piedras, Marcelina se despide de su madre, Ana María Rivero, y de sus tres hermanos, que viven en La Culata. La familia ha salido de excursión y Marcelina, residente en San Bartolomé de Tirajana, ha tenido que dejar el coche en el desvío de la presa de Chira y caminar por la vía cortada hasta encontrarse con sus parientes.
"El problema es para los que tienen negocios en Tejeda. A nosotros ni nos ha faltado el pan y eso que se lo compramos al que viene de Santa Lucía", dice una pletórica Ana María.
AL NUBLO. La carretera está cortada pero los turistas no cesan de pasar. Man Bahadur y Anne Tittle, residentes en Dresde (Alemania) también sortean la vía. Su objetivo es el Roque Nublo pero la distancia es aún larga. Sólo les quedan dos días para regresar a su país.
Juana Quintana, desde su tienda de Ayacata, afirma que allí están "enterrados". El consultorio médico sólo abre los lunes y ni la Global pasa. Ella también anda hoy un poco revirada. Se le mojó la casa con el temporal, el panadero pasó de largo porque el viento le voló la bolsa de la puerta y encima no puede ni abrir las botellas de ron por culpa de dos sabañones. El turismo local y foráneo se da cita en la cantina de la Asociación de Vecinos El Fraile, el único local abierto del pueblo. El resto están cerrados porque los dueños son de la localidad de Tunte.
Angela y Benjamín, que se sienten "casi incomunicados", se afanan en la cocina y en el comedor. "Llevo 48 años viviendo en Ayacata y no me he muerto. Si no está de Dios, pues no pasa nada. Si no puede subir una ambulancia pues que suba el helicóptero que para eso está", dice Angela.
La jornada parece dominical. Familias, grupos de amigos y parejas, en coche, motocicleta, bicicleta o a pie transitan por una Cumbre que está verde, pero pelada de nieve.
En la Cruz de Tejeda esperan con ansiedad el fin de semana pero con tiempo soleado. Yolanda Quintana, propietaria de El Asador Yolanda, afirma que la nieve es "alegría". "En Tejeda sí que están notando que se ha roto la carretera, como ellos, dependemos del turismo de las guaguas y del cochito suelto".
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