M. R.
Fernando Torres Baena dirigía con mano de hierro los encuentros sexuales que organizaba los fines de semana en Playa de Vargas, según se desprende de las actuaciones judiciales. Estaba prohibido presentarse de improviso en el chalé, abrir las puertas de las habitaciones o mirar por las cerraduras. "No te vuelvas a enrollar con mis chicas sin mi permiso", le llegó a espetar a un menor de 13 años que se acostó con una compañera de la escuela de kárate.
Luego, tras la "bronca" inicial, Torres Baena intentó granjearse el favor sexual del adolescente, pero éste lo rechazó. "Me echó un sermón bestial que me hizo llorar. Luego me castigó en un sillón pegado a la pared, mientras él se enrollaba con María José [pareja de Fernando e imputada en la causa]", explicó al juez.
Otro menor, en este caso de siete años, fue obligado a ver una película porno porque osó mirar por la ranura de la puerta. "Vi a mi primo con otro alumno, pero Fernando me echó una bronca y me puso a ver una película pornográfica para hacerme ver que eso era normal", testificó la víctima, hoy mayor de edad, ante la policía y ante el juez.
"Fernando nos escogía por rangos de edad y sólo el más experimentado podía elegir con quién quería estar". "Con 12 años me obligaba a participar en cuartetos y quintetos con María José y otros menores", agrega otro perjudicado.