MIGUEL M. GUEDES
Pepa Luzardo se gusta, y mucho, cuando abre la boca para criticar al alcalde, y ayer lo hizo sin parar durante cerca de una hora en un encuentro mantenido ayer con periodistas. Pero hizo un, más o menos, largo paréntesis cuando le tocó hablar de la candidatura de Las Palmas de Gran Canaria a la capitalidad cultural europea. "Es una iniciativa que hay que apoyar y la sensación que tengo es que la criba la tenemos que pasar", dijo la líder de la oposición municipal totalmente en serio, para inmediatamente apostillar, en un tono mundialista que recordó a Vicente del Bosque, que "lo contrario, sería como no haber pasado la semifinal".
Luzardo se atrevió incluso a lanzar algún consejo a Jerónimo Saavedra en su única concesión al alcalde. "Tiene que hacer algunas modificaciones presupuestarias para implicarse más", dijo, para a continuación reengancharse a su discurso crítico: "es que hay cosas para las que se pasa y otras en las que no se implica".
Pero lo de la capitalidad cultural fue sólo una pincelada, porque el resto del cuadro de ciudad que pintó Luzardo no pudo ser más crítico, empezando por el anuncio de la venta de Emalsa. "Es un escándalo, me da que pensar y me asusta que se venda a nueve meses de las elecciones. Y no voy a decir más por si me llevan a algún sitio", dijo.
La ex alcaldesa también denunció "la desidia y abandono" de la ciudad, con "proyectos innecesarios y otros necesarios que jamás se terminan". El retraso eterno de Obispo Romo (casi tres años en obras), "los derroches" del Plan Estratégico, el polémico árbol de hidrógeno de la Navidad de 2008, la falta de proyectos, las campañas de propaganda y los episodios de suciedad en las calles, jardines y parques, fueron otros de los blancos de Luzardo.
"Van a perder las elecciones", vaticinó la concejal, que sigue descontando días hasta que el PP le diga si va o no a repetir como candidata. "Estoy dispuesta, pero la decisión le corresponde al comité electoral y se toma en septiembre", dijo ufana.