P.G.
"Los jueces podríamos hacer mucho más por ofrecer una justicia mejor". Apenas diez días después de ser nombrado presidente de la Sala de lo Contencioso, en mayo de 2005, Francisco José Gómez Cáceres se lanzaba al ruedo con una entrevista que le granjeó más de un problema. "Con sus insinuaciones sobre el pleito de Arinaga el alcalde de Agüimes actúa de mala fe, porque no creo que sea tan ignorante", dijo en la misma entrevista. Así es Gómez Cáceres; sin término medio. O se le quiere o se le odia; jamás indiferente.
El magistrado grancanario que aspira a renovar su cargo es, sin embargo, uno de los jueces que más sentencias ponen cada año en todo el país. Miembro de la Asociación Francisco de Vitoria, dicen sus allegados que el próximo martes, cuando la comisión de calificación del Consejo General del Poder Judicial lo llame para el examen, él tirará de números, de los que su Sala anda sobrada. Y es que Gómez Cáceres tiene el convencimiento de que la justicia lenta es "la negación de la justicia". "Estoy en condiciones de prometer más agilidad si la salud, las fuerzas y la gente que está a mi lado me secundan", dijo tras tomar posesión hace cinco años. Hoy la Sala de lo Contencioso Administrativo del TSJC es una de las más saneadas de España y los procedimientos ya no se estancan como antaño.
Sin embargo el presidente de la Sala se ha visto envuelto, en los últimos meses, en el desgaste público que supone ser el ponente de los dos casos más polémicos de la justicia canaria de un tiempo a esta parte: Tebeto y Emalsa. Tebeto aún se dilucida en el Tribunal Supremo, después de una sentencia que condena al Gobierno de Canarias a indemnizar con más de cien millones de euros al empresario Rafael Bittini, con el que Gómez Cáceres compartió directiva en el Club de Tenis Gran Canaria. Voces críticas le censuran que no se abstuviera de conocer este pleito, pero él mantuvo que no tiene nada que ocultar y que no es amigo íntimo del empresario.
Aunque Emalsa le ha supuesto una crítica todavía mayor, con polémica incluso dentro de la propia Sala y una deliberación efectuada cuando uno de los magistrados que tenía que resolver el caso después de una nulidad de actuaciones, Javier Varona, estaba de vacaciones. Sentencia anulada y un año después el fallo opuesto.
Pero así es Gómez Cáceres, ajeno siempre a la crítica. Hasta el final con sus convencimientos.