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MIGUEL M. GUEDES En ocho años, cuatro vinculaciones políticas distintas y variopintas. En 2002 todavía votaba en el Congreso con el PP, hasta que sus marcadas diferencias con el presidente regional del partido, José Manuel Soria, al que acusaba de derechizar la organización, desembocaron en su marcha justo un año antes de las elecciones locales y autonómicas. Pero el verano anterior, Barrios ya preparó el camino como más le gusta: en la calle, protestando por las injusticias ciudadanas y al lado de los vecinos. Eso sí, siempre con unas siglas detrás.
Su encendido ataque contra el polémico aparcamiento de la Cícer que robaba metros de playa en Las Canteras le llevó a un cruento enfrentamiento con sus compañeros de partido en el Ayuntamiento, entonces presidido por Soria. No le importó opinar contra el mamotrético parquin ni pedir descaradamente a sus compañeros que lo levantaran por el aire. Fue la antesala de su salida del partido por voluntad propia. Como le gusta hacer siempre. Como hizo ayer.
Sólo un año después, Barrios montó un partido propio, Compromiso por Gran Canaria, e inició contactos con Coalición Canaria para concurrir juntos a las elecciones de 2003. El anonimato de su organización aconsejaba asociarse a unas siglas para enganchar al electorado, y se plantó en el Ayuntamiento. Logró cuatro actas de concejal y se quedó en la oposición. Sólo tres meses después de las elecciones, la concejala Alicia Gómez, de la cuota de CC, inició su desmarque de Barrios. Por si no estaba claro, el matrimonio de conveniencia salía a la luz.
La crisis interna que sufrió CC de Gran Canaria a mitad del mandato fracturó más las relaciones de Barrios con los nacionalistas y éstos decidieron formar un grupo político por su cuenta. Barrios, como siempre, se adelantó a la jugada y anunció que la que rompía era ella. Igual que ayer.
Firmado el divorcio, Barrios inició relaciones con la facción que había abandonado CC de Gran Canaria. Se unió a Nueva Canarias, el nuevo partido de Román Rodríguez, y prepararon la campaña electoral de 2007 durante meses. Pero no lograban entenderse. Las diferencias, centradas en el número de candidatos que cada uno aportaba a la lista electoral, acabó en una ruidosa separación a unas semanas de las elecciones. Dirigentes de NC sospecharon durante meses de la infidelidad de su compañera de aventuras, pero nadie se atrevió a dar un paso. Se quedaron fuera del Ayuntamiento.
Con dos actas de concejal, Barrios se encontró en 2007 con la oportunidad de su vida: Jerónimo Saavedra la invitaba a formar parte de un gobierno que no la necesitaba. Desde el principio se supo que era otro matrimonio de conveniencia que tenía los años contados -tres, exactamente- y los plazos volvieron a cumplirse. A 10 meses de las elecciones, otro divorcio. La incógnita es si podrá rentabilizarlo.
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