PEDRO GUERRA
Hoy son veinticuatro hombres, veintidós mujeres, ocho niñas y siete niños. Pero supuestamente todos sufrieron abusos sexuales cuando apenas eran unos críos. El primer abuso data de 1988; el último se produjo dos días antes de que fuera desarticulada la secta del kárate. Veintidós años pasaron. El menor de todos tenía sólo cinco años (el propio hijo del principal imputado, Fernando Torres Baena); casi todos rondaban los trece o catorce años cuando se produjeron los hechos.
Un pequeño recorrido por las 61 historias desgarradoras, resumidas de una forma muy discreta por el juez en el auto de procesamiento, es suficiente para conocer lo que supuestamente ocurrió durante más de dos décadas en el chalé de Playa de Vargas, donde Torres Baena convivía con su pareja y el lugar en el que los fines de semana organizaba concentraciones con deportistas, todos menores de edad: "Allí ocurría de todo", le dijo al juez una de las víctimas, antes de explicar con detalle qué le hicieron, presuntamente, cuando era un crío. Hoy, a los dieciocho años, trata borrar de su memoria unos cuantos... años.
La víctima número 53 (el orden responde a su declaración en el juzgado) tenía doce años cuando mantuvo una relación sexual con la ex esposa de Torres Baena en Playa de Vargas. Era el año 1988 y no llevaba aún ni doce meses inscrita en el prestigioso gimnasio de kárate. Hoy es una mujer adulta de 34 años que trata de olvidar.
En 1989, fue el propio Torres Baena el que supuestamente obligó a un menor de doce años a mantener "reiteradas relaciones sexuales". Hoy tiene 33 años y es la víctima 52.
También en el año 1989 se encuadran los hechos que denuncian las víctimas 56 y 57, una mujer y un hombre que hoy tienen 36 y 33 años respectivamente. La primera mantuvo supuestas relaciones sexuales completas con Torres Baena desde los quince años; el segundo asegura que desde los doce fue violado.
Pero desde que saltó a la luz el caso del kárate los hechos especialmente escalofriantes se dibujan en un menor que hoy tiene 13 años y que, durante los últimos 24 meses de su vida fue presuntamente violado en reiteradas ocasiones por Torres Baena. Es la víctima número 11 y no fue en el chalé de Playa de Vargas, como era costumbre. Fue en el gimnasio que el líder de la secta tenía en la calle Juan Carló de la capital grancanaria. Lunes, miércoles y viernes, todas las semanas, "lo hacía subir hasta su despacho", declaró uno de los testigos, "y luego bajaba llorando. No había más que ver su cara para entender lo que pasaba. Después María José (compañera sentimental de Baena) se lo llevaba para consolarlo". Así hasta unos días antes de la desarticulación de la secta, el 17 de enero del presente año. Ahí se acabó la pesadilla.
61 víctimas, 113 delitos. Y otros cuarenta que no podrán ser juzgados porque ya han prescrito.