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M. M. GUEDES/L. S. VILLACASTÍN
San Telmo, Triana y la cuesta de San Pedro recuperaron ayer de repente su gusto por el cachorro, el fajín y los pisamierdas, todo con un toque muy profesional de timple y guitarra con regusto a roncito y sin una romería de por medio. No era la del Rosario, ni la del Día de Canarias, no. Era una parranda debidamente movilizada por toda una Universidad del Bochinche, iniciativa de un grupo de entusiastas que pelea para que se respeten las tradiciones de lo popular frente a la tendencia al botellón y al desaliño en que se han ido convirtiendo toda clase de supuestos eventos tradicionales canarios.
"No somos escrupulosos con la vestimenta, sabemos que los tiempos han cambiado y que hay ropa que no te puedes poner, pero sí pedimos un respeto. Cuando te invitan a una fiesta y te piden que vayas con esmoquin, no llevas cholas. De eso se trata". Quien tan académicamente habla es Javier Rodríguez, proclamado por su entorno más próximo el rector de esta particular Universidad parrandera de última generación.
Las raíces de esta iniciativa están, en realidad, en él mismo y otros amantes del tenderte que difunden el gusto por la música canaria a través de clases de guitarra y timple en el Monte Lentiscal, a caballo entre la capital grancanaria y el municipio de Santa Brígida. Pero el verdadero lanzamiento de este grupo de universitarios de la fiesta del pizco y la tapa de queso se ha conseguido -paradojas de la vida- a través de las nuevas tecnologías que han creado ese mundo de las redes sociales en internet. Facebook y Twitter han ido sumando adeptos hasta conseguir que personas a título individual, pero también otras vinculadas a grupos folclóricos y parranderos, se suban a la carreta del respeto a la tradición.
Empezaron hace un casi un año con ocasión de la romería del Rosario, cuando el Ayuntamiento la suspendió debido a las obras que se realizaban en varias calles de Vegueta. Quisieron demostrar que salir de parranda no es montar una verbena y, mucho menos, hacer un macrobotellón, pero nunca cuestionaron la decisión municipal. "Irse de parranda es ir de bar en bar, tocando la guitarra y el timple y cantando. Si no, no tiene gracia".
Ahora han repetido la experiencia porque, afirma Javier Rodríguez, "lo de [la romería] Gáldar nos quemó mucho: había gente disfrazada como si fuera carnaval". Por eso montaron la convocatoria de ayer. "Ha sido un poco de todo: que es la mejor fecha para reunirnos porque ahora llega agosto y la gente se va de vacaciones, y lo de Gáldar", reitera el rector de la Universidad del Bochinche.
Aseguran que no tienen un espíritu más reivindicativo que el de "pedir respeto". Se trata de que la parranda sea para los parranderos "y la gente que quiera ir a la fiesta y no se vista, que se quede en la acera". Aunque alejados de la política, sí quieren "despertar la conciencia de las instituciones" para que contribuyan a "enseñar a la gente cómo son los tradiciones y como son las fiestas de verdad".
A pesar de que su historia parta de un movimiento modesto, son ambiciosos. Su reto es propagar su locura folclórica por el Archipiélago y contagiar a toda Canarias, hasta el punto de que un objetivo cercano es montar una parranda al mismo tiempo en todas las Islas. La Universidad del Bochinche no tiene límites.
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